12 diciembre 2012

El Espiritismo es ciencia

El ilustre Allan Kardec escribió en una de sus obras fundamentales esta sentencia: "El verdadero carácter del Espiritismo es el de una ciencia y no el de una religión".

El tiempo, que todo lo resuelve, viene a demostrar que el Espiritismo sólo puede existir lógicamente como verdad positiva, a base de ciencia cuyo valor fundamental estriba en la realidad de los hechos, en la observación y estudio experimental de los mismos.

Este concepto científico del Espiritismo lo expresa el filósofo espiritista en otro pasaje:
"Desde el punto de vista filosófico responde a las aspiraciones del hombre respecto al porvenir; pero, como apoya la teoría de éste en bases positivas y racionales, se amolda al espíritu positivista del siglo".

A la muerte de Kardec, el eximio Flammarion pronunció el célebre discurso de despedida al maestro, que hizo honor a la causa espiritista, augurando para el Espiritismo el título de ciencia positiva y tratando de encauzar a sus adeptos en el estudio experimental de sus fenómenos. Dijo en aquella fecha memorable:
"Este método experimental al que debemos la gloria del progreso moderno y las maravillas de la electricidad y del vapor; este método debe apoderarse de los fenómenos de orden aún misterioso a que asistimos, disecarlos, medirlos y definirlos..."

"Porque el Espiritismo no es una religión, sino una ciencia de la que apenas conocemos el abecedario. El tiempo de los dogmas ha concluido".

Gabriel Delanne, uno de los pioneros más valientes y destacados del Espiritismo en Francia, escribe a este respecto: El Espiritismo no es una religión: no tiene dogmas, ni misterios ni ritual. Es una ciencia de experimentación, de la que se desprenden consecuencias morales y filosóficas de inmensa importancia".

A esta concepción amplia y desprejuiciada del Espiritismo, podemos agregar la del eminente naturalista Russel Wallace, espiritista de no dudosa procedencia:
"El Espiritismo es una ciencia experimental y suministra la única base segura para una filosofía verdadera y una religión pura.

Suprime los nombres sobrenatural y milagro..."

"Una ciencia de la naturaleza humana, fundada en los hechos observados; que sólo apela a los hechos y experimentos; que no toma creencias sin pruebas; que insiste en la investigación y en la conciencia de si misma como los primeros deberes de los seres inteligentes; que enseña que la felicidad en una vida futura puede ser asegurada cultivando y desarrollando hasta donde es posible más altas facultades de nuestra naturaleza intelectual y moral y no de ningún otro modo; es y tiene que ser el enemigo natural de toda superstición".

Por su parte dice el Dr. Gustavo Geley:
"Para los verdaderos creyentes en la doctrina espiritista, esta es una ciencia positiva, basada sobre el estudio experimental de los fenómenos psíquicos y las enseñanzas de los espíritus elevados".

A estas autorizadas opiniones podríamos agregar la de todos los verdaderos espiritistas y demostrar que sus convicciones se formaron en el terreno de los hechos, por el estudio, la observación y la experiencia de los mismos y no por creencias religiosas anticipadas, por la fe ciega o por la predisposición mística desarrollada por la necesidad de ampliar los horizontes de esta vida, por esa ansiedad imperiosa que, según los materialistas, sienten las almas cándidas, los espíritus débiles, atormentados por el deseo de penetrar las sombras del misterio y de hallar lo que no alcanza a descubrir la ciencia... a la cual suelen mirar con desdén...

No son los verdaderos espiritistas los que creen en la bancarrota de la ciencia frente a los problemas del alma; por el contrario, es la ciencia para éstos el fundamento de sus creencias, sin los hechos positivos, experimentales, el Espiritismo carece de base, y su filosofía sería uno de tantos sistemas metafísicos, una de tantas religiones, agregados al acervo común de la historia.
El Espiritismo no tiene por punto de partida la fe, sino sus fenómenos y el estudio racional de los mismos: es sobre la base fundamental del fenomenismo psicológico supranormal que descansa su filosofía, su ética y su sociología, y es sobre esa misma base que afianzamos nuestras creencias los verdaderos espiritistas.

Las conclusiones filosóficas que sustentamos emanan de los mismos hechos y no de creencias o de razonamientos a priori: ni siquiera tienen la desventaja -si tal pudiera llamarse a la especulación filosófica subjetiva- de atribuirse a inducciones o deducciones personales, ya que la doctrina espiritista surge espontánea de la naturaleza misma de los hechos, de las manifestaciones inteligentes que de ellos se desprenden.

Es cierto que muchos de los principios o postulados de nuestra doctrina se encuentran diseminados entre las religiones y sistemas filosóficos, pero éstos, las primeras, se fundan en la fe ciega, en el dogma infalible y en absurdas, cuando no mentidas, revelaciones, y los segundos, en deducciones o hipótesis más o menos lógicas, pero siempre discutibles por carecer de fundamento científico que pruebe experimentalmente la veracidad de los principios sustentados.

De todo esto se infiere que si el Espiritismo se impone a la consideración humana por sobre todas las creencias religiosas e ideológicas, es por sus hechos observables y experimentables, y no por un sentimiento místico o por las halagüeñas perspectivas que de él se desprenden para el porvenir del espíritu: deja de ser religión, en el sentido místico y ritual del concepto, pero no puede dejar de ser ciencia sin dejar de existir como verdad demostrable y perder su interés y valor positivos; pues, si le faltan los hechos, los principios ciertos en que se apoya y el conocimiento, aunque relativo, de las leyes que los rigen, ya pasa a la categoría de misticismo, sin que su caudal filosófico y moral pese un gramo más en la balanza del progreso humano.

No tienen, pues, razón aquellos espiritistas que, imbuidos de religiosidad, creyentes por ingenuidad o por simples razonamientos filosóficos, se bastan a su fe y miran con ojeriza a los hombres de ciencia y a sus mismos compañeros que bregan por encauzar el Espiritismo en la corriente científica señalada por los sabios espiritistas que hacen honor a nuestro credo, y, mucho menos, los que hacen de éste una religión como cualquier otra y creen que la Ciencia -por hallarse aún en los balbuceos de esta nueva y fecunda rama de la psicología experimental y no haber llegado aún, en algunos casos, a las mismas conclusiones espiritistas, por buscar la correlación entre los fenómenos fisiológicos y psíquicos o explicar por las mismas leyes anímicas todos los fenómenos supranormales sin hacerse cargo de las manifestaciones de espíritus desencarnados- conduce al materialismo.

No hay que olvidar que así como mucha ciencia conduce a Dios y poca nos aleja de él, lo mismo sucede con la creencia en la existencia del mundo espiritual: un conocimiento incompleto del fenomenismo espírita y de sus manifestaciones no convence a nadie, pero el estudio continuo con métodos adecuados lleva al convencimiento: la mayor parte de los sabios o simples estudiosos que han abrazado el Espiritismo, primero lo negaron; después, con poca ciencia, afirmaron los hechos pero negaron la teoría, y luego, al correr de los tiempos, con más ciencia y experiencia, aceptaron esta última.

La ciencia, la verdadera ciencia, no conduce al materialismo sino cuando es incipiente y carece de la madurez necesaria para llegar a las conclusiones espiritistas.

En muchos casos los que penetran en el santuario de esta profunda ciencia del alma por las puertas de la fe, suelen salir por las del escepticismo o la incredulidad; mientras que otros que entran incrédulos y materialistas salen llenos de fe y de esperanza, después de estudiar los hechos con todo rigor científico y de exigir de ellos toda la luz que anhelaban sus espíritus ávidos de ciencia y de verdad. Ejemplos de esto entre otros mil, William Crookes, Russel Wallace y Lombroso.

Al hablar de ciencia no nos referimos a esa ciencia incompetente, infructuosa, llena de orgullo y de suficiencia que niega la existencia, y aun la posibilidad, de las manifestaciones del mundo espiritual; que no tiene más de positiva que lo que alcanza en la materialidad de las cosas; que, en materia de fenomenismo espírita o de metapsiquismo, en vez de adaptarse a la naturaleza y a las modalidades de los hechos, les impone condiciones y métodos arbitrarios, y, como en semejantes condiciones no halla lo que, por prejuicio de escuela, sus representantes tienen interés en no encontrar -el espíritu como sustancia independiente del organismo- lo niegan: porque su caudal seudocientífico está formado a base de negaciones.

A estos "científicos", que forman una "ciencia" de relumbrón, sí, no titubeamos en declararlos en bancarrota. Hablamos aquí de la verdadera ciencia, de esa diosa augusta que no afirma ni niega nada a priori; que no teme la investigación de ningún hecho, por absurdo e inverosímil que parezca, ni a las condiciones y métodos que su naturaleza impone; que, animado de un profundo amor a la verdad, no se alimenta de prejuicios, sino de la luz espiritual que irradia la renovación constante de la vida.

El Espiritismo es una ciencia integral y progresiva: abarca todos los conocimientos humanos. No es una religión, aunque cultiva y espiritualiza los sentimientos religiosos. "La religión se va, la ciencia viene", ha dicho alguien.

Y no estará demás recordar a los neófitos y profanos que nuestro lema es: Hacia Dios por el amor y la ciencia.

Manuel S. Porteiro

(Transcripto de "Espiritismo: Doctrina de Vanguardia")
Tomado de la revista "Constancia"
Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta
Desde Venezuela

03 octubre 2012

Allan Kardec en el cine


Allan Kardec, su biografía y su obra


Allan Kardec nació en Lyon, el 3 de octubre de 1804 y falleció en París, el 31 de marzo de 1869. Fue inhumado en entierro civil el 2 de abril. Allan Kardec fue el seudónimo del pedagogo francés Hippolyte Léon Denizard Rivail, quien es conocido hoy como el sistematizador del Espiritismo.

 Hizo sus primeros estudios en Lyon y los completó en Yverdon (Suiza), en el Instituto del célebre profesor Pestalozzi, conocido por ser uno de los más respetados centros de enseñanza de toda Europa, por el que pasaron famosos intelectuales de aquella época.

Rivail alcanzó buen nivel de conocimientos tanto en el campo de las ciencias como en el de las letras, realizó estudios médicos y se entregó a fondo a la lingüística. Hablaba correctamente el alemán, el inglés, el italiano el español y el holandés. Varias conocidas enciclopedias, como la Nueva Enciclopedia Larousse, explican que llegó a ser miembro de la Real Academia de Ciencias Naturales de Francia y que en 1824 ya se había trasladado a París, donde se dedicó a la enseñanza. Lo hizo primero en la institución fundada por él mismo sobre el modelo del Centro de su maestro Pestalozzi, y más tarde de forma privada, cuando ciertos problemas económicos le obligaron a la liquidación de su instituto y a desenvolverse como tenedor de libros y como contable de tres casas de comercio, además de ocuparse en la traducción de obras inglesas y alemanas. Contrajo matrimonio, en 1832, con la institutriz Amelia Boudet, nueve años mayor que él, y fue en este periodo de su vida cuando elaboró y publicó, con éxito, los siguientes libros:

1828: Plan propuesto para el mejoramiento de la instrucción pública.
1829: Curso práctico y teórico de Aritmética, según el Método de Pestalozzi, con modificaciones.
1831: Gramática francesa clásica.
1846: Manual de los exámenes para los diplomas de capacidad.
1848: Catecismo gramatical de la lengua francesa.

Un segundo periodo biográfico comenzó para Rivail cuando, en 1854, oyó hablar por primera vez del fenómeno de las "mesas parlantes", al que sólo empezó a conceder crédito tras haber sido testigo, en mayo de 1855, de inexplicables fenómenos relacionados con mesas ambulatorias y giratorias o "danzantes", así como con la llamada "escritura automática". Persuadido de la existencia de una región espiritual habitada por almas inmortales desencarnadas con las que era posible comunicarse, Rivail se decidió a examinar una voluminosa colección de escritos psicográficos que le proporcionaron amigos espiritistas interesados en su juicio y empezó a asistir con regularidad a sesiones, preparado siempre con una serie de preguntas que le eran respondidas de “manera precisa, profunda y lógica", a través de los sujetos a los que el Espiritismo denomina "médiums", porque actúan como intermediarios en las comunicaciones con las supuestas almas desencarnadas. En 1856 frecuenta las reuniones que se celebraban en casa del Sr. Roustan con la sonámbula Mlle. Japhet. Más de diez médiums le prestaron su concurso para este trabajo. Después de la comparación y fusión de todas las respuestas, coordinadas, clasificadas y muchas veces sometidas a examen en el silencio de la meditación, fue cuando se decidió a formar la primera edición de “El Libro de los Espíritus”, que vio la luz el 18 de abril de 1857”

Toda esta materia, debidamente “repasada y corregida” por la entidad espiritual que se identificó ante Rivail como "la Verdad”, sirvió de base al cuerpo de doctrina de El Libro de los Espíritus, su obra apareció el 18 de abril de 1857, cuya primera edición se agotó en pocos días, llegándose a la décimo sexta en vida del autor. En los Prolegómenos de esta obra se lee: "Los Espíritus anuncian que los tiempos designados por la Providencia para una manifestación universal han llegado ya, y que siendo ministros de Dios y agentes de su voluntad, su misión es la de instruir e ilustrar a los hombres, abriendo una nueva era a la regeneración de la humanidad. Este libro es la recopilación de su enseñanza."

En 1858, Allan Kardec acomete varias importantes realizaciones. La primera de ellas es la publicación de una revista; sin contar con la ayuda financiera de nadie, sin tener ningún suscriptor, y con el beneplácito de sus colaboradores espirituales lanza, el 1 de enero de 1858, el primer número de la Revue Spirite, journal d’Etudes Psychologiques. Ese primer número tenía 36 páginas.

La “Revue Spirite” fue un poderoso auxiliar para el complemento y el desarrollo de sus obras doctrinarias; fue un campo de ensayos destinado a sondear la opinión de los hombres y de los espíritus acerca de ciertos principios antes de admitirlos como verdades constitutivas de la doctrina.

La “Revue Spirite” llegó, en menos de un año, a los más distantes lugares. Y tanto aumentaron los suscriptores que, a petición de los mismos, tuvo que reimprimir por dos veces los números correspondientes a 1858, 1859 y 1860.

La segunda gran tarea de ese año fue la constitución, el 1º. de abril, de la Société Parisienne des Études Spirites. Veamos, en boca del mismo Kardec, cómo se gestó la formación de esta Sociedad:

“Hacía 6 meses que se reunían todos los martes en mi casa algunos adeptos de la idea. El principal médium de que disponíamos era Mlle. E. Dufaux. Aunque el local no permitía mayor concurrencia que 15 ó 20 personas, veces hubo que llegamos hasta 30. Estas reuniones ofrecían un gran interés por su carácter serio y la suma trascendencia de los problemas que se elucidaban. Acudían a ellas frecuentemente príncipes extranjeros y otros personajes de distinción. El local, además de poco cómodo por su disposición, evidentemente era muy exiguo. Algunos propusieron imponernos una cuota para alquilar otro más adecuado”. (“Obras Póstumas”: “Fundación de la Sociedad Espiritista de París”).

Así se formó aquella Sociedad Parisiense de Estudios Espiritistas (SPEE). Allan Kardec fue nombrado presidente de la misma, cargo que ocupó hasta su desencarnación, aunque en 1859 quiso renunciar a ese cargo, lo que no fue aceptado por los miembros de la Sociedad.

El número de visitantes, franceses y extranjeros, que Kardec recibía en su casa, se multiplicaba cada año (Z. Wantuil y F. Thiesen mencionan que alrededor del año 1862, la cifra de visitantes superaba los 1.200). Considerando Kardec que esas visitas era mejor que fuesen recibidas en la sede de la Sociedad, en 1860 se traslada a vivir allí, sin dejar por ello su propia casa.

Desafortunadamente, la SPEE sobrevivió pocos años después de la desencarnación de su primer presidente.

En el año de 1858, aparece la 2ª. obra espiritista de Kardec: “Instrucción práctica sobre las manifestaciones espiritas”. Esta “Instrucción”, notablemente ampliada pasará a ser “El Libro de los Médiums” (1861).

Siguiendo con la bibliografía de Allan Kardec, mencionaremos que, en 1859, aparece “¿Qué es el Espiritismo?”: “Introducción al conocimiento del Mundo Invisible por las manifestaciones de los espíritus. Contiene el resumen de los principios de la doctrina espiritista y las respuestas a las principales objeciones”.

En 1860, sale a la luz la 2ª. edición de “El Libro de los Espíritus”, con las 1018 cuestiones que conformaron esta edición definitiva. En 1861, publica “El Libro de los Médiums” o Guía de los médiums y evocadores, conteniendo: “la enseñanza especial de los espíritus sobre la teoría de todos los tipos de manifestaciones; los medios de comunicarse con el Mundo Invisible; el desarrollo de la mediumnidad; las dificultades y obstáculos que es posible encontrar en la práctica del Espiritismo”. En 1864, presenta la obra “Imitación del Evangelio según el Espiritismo”. La 2ª. edición en 1865, recibió el título definitivo de: “El Evangelio según el Espiritismo”. “Explicación de las máximas morales de Cristo, su concordancia con el Espiritismo y su aplicación a las diversas posiciones sociales”.

En este mismo año de 1865, publica también “El Cielo y el Infierno o la Justicia Divina según el Espiritismo”. “Examen comparado de las doctrinas sobre el tránsito de la vida corporal a la vida espiritual, las penas y las recompensas futuras, los ángeles y los demonios, las penas eternas, etc. etc.”.

“La Génesis, los milagros y las profecías según el Espiritismo”, es la última obra publicada por Kardec, en 1868. Es el libro más científico del fundador del Espiritismo.

Finalmente, en 1890, aparecen sus “Obras Póstumas”, que contienen “interesantes estudios en los cuales se desarrollan diferentes puntos de la doctrina espiritista, dados a luz, después de la muerte de su autor, en la “Revue Spirite” de París.

Son también dignos de mención los viajes de divulgación que realizó en los siguientes años: 1860 (Mâcon, Lyon, Saint-Étienne, …); 1861 (Lyon, Burdeos, …); 1862 (Lyon, Burdeos, Orleáns, Tours, … hasta 20 ciudades); 1864 (Bruselas, …) y 1867 (Burdeos y Tours, en donde tiene ocasión de conocerle Léon Denis).

Su “espíritu protector” le había informado de que en una existencia previa, en el tiempo de los druidas, ambos se habían conocido en la Galia y él se llamaba "Allan Kardec". El Libro de los Espíritus fue el primer trabajo en que el autor sustituyó por éste su nombre real, y el acta de nacimiento del Espiritismo. 

Desde el principio, Allan Kardec afirmó “que los Espíritus, siendo simplemente las almas de los hombres, no tienen ni conocimiento supremo ni sabiduría suprema; que su inteligencia depende del progreso que hayan hecho y que su opinión no es más que una opinión personal”, por lo que "no se debe dar ciegamente crédito a todo lo que dicen los Espíritus". A lo largo de sus escritos habla de espíritus superiores e inferiores: "encuéntranse en el mundo de los Espíritus, como en la Tierra, todos los géneros de perversidad y todos los grados de superioridad intelectual y moral": espíritus buenos y malos, espíritus menores, espíritus malvados y rebeldes, espíritus errantes, espíritus vulgares y espíritus mentirosos "que usurpan a menudo nombres conocidos y venerados" y "dicen haber sido Sócrates, Julio César, Carlomagno, Fenelon, Napoleón, Washington, etc." La "comprobación que de su identidad puede tenerse es, efectivamente, difícil; pero si no puede conseguirse tan auténtica como la que resulta de un acta del estado civil, puédese obtenerla presuntiva, por lo menos, con arreglo a ciertos indicios". En Qué es el Espiritismo, Rivail también admite que algunos espíritus son “mentirosos, fraudulentos, hipócritas, malvados y vengativos” y capaces de utilizar lenguaje grosero. La suplantación que hacen los espíritus es una de las dificultades del Espiritismo práctico; pero nunca se ha dicho que la ciencia espiritista fuese fácil, ni que se la pueda alcanzar bromeando, siendo en este punto igual a otra ciencia cualquiera.

Sus obras serían sustanciales en la labor de sistematización de las ideas espíritas o espiritistas, ideas que, siendo la clave de su interpretación de las religiones, de orientación unificadora, Allan Kardec no consideraba de índole propiamente religiosa, sino científica, por no estar fundadas en fe ni revelación sobrenatural algunas, sino en la reflexión sobre el hecho de experiencia de las comunicaciones de los propios seres fallecidos: "El Espiritismo es a la vez una ciencia de observación y una doctrina filosófica.

Como ciencia práctica, consiste en relaciones que pueden establecerse con los espíritus; como doctrina filosófica, comprende todas las consecuencias morales que se desprenden de semejantes relaciones. Podríamos definirlo así: El Espiritismo es la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los espíritus y de sus relaciones con el mundo corporal.

Sus obras fueron:

1857: El Libro de los Espíritus.
1861: El Libro de los Médiums.
1859: ¿Qué es el Espiritismo?
1864: El Evangelio según el Espiritismo.
1865: El Cielo y el Infierno o la Justicia divina según el Espiritismo.
1868: El Génesis, los milagros y las profecías según el Espiritismo.

La coincidencia del Espiritismo con la Iglesia Católica en su oposición al materialismo, así como en la moral centrada en la caridad, le hacían incomprensible la, por otra parte, coherente condena de Roma, formalizada en la inclusión, en 1864, de las obras de Kardec en el entonces vigente Índice de libros prohibidos.

El rechazo eclesiástico ya había dado lugar, por ejemplo, a la quema de 300 libros espiritistas llevada a cabo en 1861 en Barcelona, tras haber sido confiscados por el obispo de esta diócesis a través del Santo Oficio. El Espiritismo, escribe Rivail, "es la prueba patente de la existencia del alma, de su individualidad después de la muerte, de su inmortalidad y de su suerte verdadera; es, pues, la destrucción del materialismo, no con razonamiento, sino con hechos.

Y, el 31 de marzo de 1869, cuando estaba preparando los últimos detalles de su mudanza a su casa de la Avenue Ségur, desencarna Hippolyte Léon Denizard Rivail / Allan Kardec, a causa de la rotura de un aneurisma. En ese preciso momento estaba atendiendo a un empleado de su librería.

El 2 de abril, en un modesto coche fúnebre y acompañado por los amigos más íntimos, por los miembros de la SPEE y por conocidos y simpatizantes (más de 1.000 personas), es conducido hasta el cementerio de Montmartre, donde una simple fosa recibió su cuerpo.

Acto seguido se pronunciaron cuatro discursos:

Por la SPEE habló su vicepresidente, Mr. Levent.

En segundo lugar, Camilla Flammarion pronunció su célebre discurso.

Alexandre Delanne representó a las sociedades espiritistas de Francia y del extranjero.

Finalmente, en nombre de la viuda y de los amigos, E. Muller se dirigió a los presentes.

Al año siguiente, los restos de Kardec fueron trasladados al cementerio de Père-Lachaise, donde se erigió un dolmen debajo del cual se colocó un busto del Fundador del Espiritismo. Es de remarcar que en la tumba de Kardec, hasta el momento presente, siempre hay flores frescas.

Concluye aquí esta exposición sobre la vida de aquel discípulo de Pestalozzi, que llegaría a brindar a la Humanidad un poderoso instrumento de auto-salvación: EL ESPIRITISMO.


Bibliografía consultada:
M.A. Jullien: “Sistema de educación de Pestalozzi”; A. Kardec: “Obras Póstumas”; A. Moreil: “Vida y
Obra de Allan Kardec”; Zêus Wantuil y Francisco Thiesen: “Allan Kardec”, 3 volúmenes.

08 marzo 2012

Herediitariedad y dolencia


1 ¿Existe una programación biológica en relación a las enfermedades?

¿El individuo nacería marcado para enfrentar determinado mal, como una bomba de reloj a detonarse en una época aplazada?

El Proyecto Genoma, llevado a efecto por un equipo de genéticos de varios países, viene identificando genes asociados a innumerables enfermedades. El Espíritu puede renacer con predisposició
n genética para determinado mal. 

2 - ¿No tendríamos ahí un problema de hereditariedad, sobreponiéndose la supuesta programación kármica?

La fatalidad hereditaria funciona en la composición del color de los cabellos, de la piel, de los ojos, de la estructura física, de la morfología. Sobre lo concerniente a la salud, inteligencia, vitalidad, el reencarnante tenderá a aprovechar los elementos genéticos compatibles con sus necesidades y compromisos.

3 Digamos que alguien, por sus compromisos pasados, reencarna con el gene de una grave enfermedad. ¿Ella se manifestará inexorablemente?

Depende. Si el mero reflejo de desatinos del pasado, podrá, con la práctica del bien y la reforma íntima, modificar el cuadro de sus pruebas, evitando el mal o convirtiéndolo menos grave.

4 - ¿Existe otra posibilidad?

Si el propio Espíritu lo planeó, al reencarnar, como experiencia que cree necesaria para redimirse de faltas pasadas, el problema surgirá en el tiempo previsto, inexorablemente.

5 ¿Eso explica por qué personas virtuosas y evangelizadas, no obstante, pasan por situaciones difíciles?

Si, y ellas mismas las desearán, por entender que serían experiencias redentoras.

6 En ese caso, ¿de nada le valdrá el esfuerzo en el Bien?

En el arar del destino, nunca se pierde la buena siembra. Su empeño de renovación y su trabajo en el campo de la solidaridad humana le valdrán la protección mayor de la Espiritualidad, abreviando y suavizando sus padecimientos.

7 - ¿Cómo distinguir el problema kármico de algo que fue programado por la propia persona?

Por el comportamiento. Generalmente la persona que enfrenta una situación programada actúa de forma positiva. Es más dócil y tranquila. Ya que aquel que enfrenta males que le fueron impuestos, no es raro que se debata, no acepte, se subleve.

8 ¿Sufre más?

Sin duda. El mayor dolor nace de la inconformidad y de la rebeldía. Cuando aceptamos los desafíos de la Vida, conservando la serenidad y la confianza en Dios, procurando hacer lo mejor, todo es más fácil.

Salud

REENCARNACIÓN TODO LO QUE USTED NECESITA SABER
Richard Simonetti




29 febrero 2012

Las guerras y nosotros


¿Quién no se aturde al oír hablar de guerra? Es una tragedia de la Humanidad. Las guerras representan exprimir esa infección interna que el alma carga en sí. Todas las veces que no estamos en paz con nosotros, nuestra tendencia es derramar ese producto de nuestra intimidad en el ambiente en que estamos y sobre las personas que nos rodean. Ahí tenemos simientes de guerras. Lo que nos aterra en las guerras es la impiedad, la crueldad, la masacre, las explosiones, el bombardeo, la poca posibilidad de defensa que las personas tienen. Parece que hay una obligatoriedad en matar, en destruir. Construcciones que el tiempo tardó en hacer, que los hombres tardaron en levantar, se desmoronan en un solo bombardeo. Quedamos a pensar de donde viene esa fuerza demoníaca, patética que, de repente, toma cuenta de la criatura humana como si fuese una irrupción.

Todo eso proviene de las entrañas de la propia criatura humana. Si. El mundo físico no hace guerras. Encontramos los volcanes, los terremotos, los maremotos, todo eso corresponde a los procesos de reajuste planetario para nuestro bien, para el equilibrio determinado por las Leyes de Dios. Pero, guerra, jamás. Las primaveras se repiten a cada año, como los veranos, los otoños y los inviernos. Los arboles florecen, los pájaros pian, cantan, vuelan, corren, se reproducen. Todo normalmente. Entre nosotros, criaturas humanas, parece que hay una sed de sangre para nada, por el placer mórbido de dominar, por el placer mórbido de determinar, de tener en las manos, de destruir. Naturalmente, pensamos en cómo el mundo aun tiene que evolucionar, que crecer, para librarse de la guerra, para librarse de la tormenta guerrera, belicosa. Pero no es propiamente el mundo que se tiene que modificar, es el ser humano relativamente a su mundo interno. Las malquerencias, violencias, las agresiones verbales y físicas representan esa explosión de la criatura humana, el temperamento rebelde, el grito de cólera. Todo eso son simientes de guerras. Es por causa de esas simientes de guerras que encontramos las guerras grandes, de grandes proporciones, las guerras agigantadas de los campos de batalla, de las naciones entre sí, de las múltiples potencias. Todo eso que vemos en tamaño grande ha comenzado en el campo de batalla interno de cada uno de nosotros.

Imaginemos lo que significa estar de mal con alguien. Maquinamos todo el tiempo la mejor forma de agredir, de atacar, de herir ese alguien. No nos importa si calumniamos, si mentimos. Nuestro objetivo, en aquel momento infeliz, es el de destruir a la persona. Entonces, ¿Cuál es la diferencia de un ejército que lanza bombas sobre otro, que tira con ráfagas de ametralladora a los otros? La diferencia es que hay un momento en que esas cosas parten de nosotros físicamente y hay otros momentos en que esas cosas son psíquicas, son mentales. Los torpedos mentales que enviamos, perjudicando a tantas personas. Vale la pena pensar en la destrucción hecha por las guerras y en nuestra condición delante de todo eso.

* * *

Cuando pensamos en esa cuestión de las guerras con la criatura humana, recordamos de que un día escribió Sigmun Freud, el padre del psicoanálisis, que todos somos dotados de una dualidad de impulsos internos, que él lo llamó de pulso. Cargamos un instinto de vida y un instinto de muerte. Freud llamó al instinto de vida de Eros, instinto de Eros, fuerza de Eros o impulso de Eros. Eros significa todo aquello que es un favor de la vida, que conspira en pro de la vida, de la alegría, de la salud, del trabajo, de la ética, del buen tono, de la amistad. Y el impulso de muerte, uno de sus discípulos austriacos llamó de impulso de Tánatos. Tánatos, muerte en el idioma griego. Entonces, el impulso de muerte no es propiamente de la muerte biológica, es de esa muerte moral, esa muerte idealista, esa muerte que representa todo lo que es negativo para la vida. Todo lo que conspira contra la vida es parte, según Freud, de ese instinto o impulso de muerte o de Tánatos. De ese modo, cuando optamos por la vida, por la salud, por el equilibrio, por la paz, estamos trabajando dentro del impulso de Eros.

Todo cuanto hace bien a la vida, todo cuanto se dirige a la vida, todo lo que enaltece, que la sublima, es parte de Eros. Pero, cuando ocasionamos internamente y nos dejamos arrastrar por la cólera, por la mentira, por el odio, por la envidia, por el impudor, estamos en territorio abierto de la muerte, de Tánatos. Y es en ese territorio abierto que acostumbramos a provocar las guerras. Es muy común que, en el mundo, no estemos acostumbrados a vivir en paz unos con los otros. Sea por envidia que nos hace provocar al vecino, sea por el orgullo, cuando deseamos ser el centro del Universo, el centro de las cosas, cuando tenemos la impresión de que somos la última coca-cola del desierto. En esa hora en que nos damos esa supra-importancia, ciertamente estamos haciendo guerra. Las guerras mentales, esos combates que hacemos mente a mente. Odiamos a las persona sonriendo para ellas, hacemos cuenta de que somos amigos de personas que odiamos, que detestamos: en el empleo, en la calle, en la familia. Son nuestras guerras internas que, antes que exploten del lado de afuera y provocar las tragedias que bien conocemos, implosiona nuestra realidad íntima, estallan dentro de nosotros. Enfermamos físicamente porque, antes, ya estamos enfermos espiritualmente. Es por eso que las guerras son formadas por los componentes que les dan las personas.

No solamente los gobernantes contribuyen para las guerras, no solamente los líderes de Estado contribuyen para ella, más cada ciudadano, cada persona, cada individuo que no vive su vigilancia ética, moral, espiritual. Cada uno de nosotros que se da el derecho de avanzar sobre las cosas de los otros, sobre el derecho de los otros, sobre la vida ajena. Somos, de cierta manera horticultores de la guerra pero, ni de lejos, eso pasa por la mentalidad de la masa. Estamos siempre imaginando que somos víctimas de las guerras y de los guerreros, de los beligerantes, de los violentos y no nos damos cuenta de que nos asociamos a ellos, de que alimentamos esas fuentes de violencia con nuestro impulso de Tánatos, nuestro impulso de muerte. Percibimos, poco a poco que, en ese momento ciclópeo del mundo, en esa hora densa de la Humanidad, tenemos necesidad de rever nuestros papeles en la sociedad. ¿Qué hemos ofrecido al mundo para que sea mejor, más digno, más rutilante? ¿Qué hemos ofrecido a la vida para que sea más digna de ser vivida, para que tenga más sabor, para que tenga fulgor? ¿Y esa familia donde nosotros estamos, que hemos hecho por ella?¿Y nuestra familia, aquella que formamos, aquella que construimos, que hemos hecho por ella? Las guerras son el corolario, son la agrupación de nuestras propias realizaciones. Vale la pena buscar la paz a través del pensamiento superior, de la oración, de la vivencia positiva en el bien, del socorro a nuestro semejante, hasta el día en que nuestro reloj cardíaco pare y viajemos de aquí para el Reino de la paz.

Raúl Teixeira

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 157, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em julho de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 06.09.2009.

Traducido por Jacob. 

Enviado por: "Mari" akardec@akardec.com

 

 

EL ESPIRITISMO ES UN MEDIO DIFERENTE DE COMPRENDER LA REALIDAD

22 febrero 2012

Las leyes de la vida

Todos tenemos necesidad de reflexionar con amplitud al respecto de nuestra vida en el mundo, porque absolutamente nosotros somos todos iguales. En el plano de Dios somos todos iguales. No existe una única criatura que sea superior a la otra. Como hijos de Dios, no. Dios no creó hijos escalonados: Este es del primer grupo, este es del segundo, este es de la raza inferior, este es de la raza superior. Dios creó a Sus hijos simples e ignorantes, todos partiendo del mismo punto para alcanzar la plenitud de sí mismo. De ahí, comenzamos a pensar en esa especialidad en que mucha gente se coloca. Hay muchas personas que se imaginan más especiales que otras. Impostan para hablar, se imaginan mas amadas, más queridas por Dios, se visten de manera especial por causa de eso, adoptan nombres clave particulares por causa de eso. Porque ellas se sienten especiales. Eso corresponde a un proceso psicológico de la Humanidad, del ser humano, que podremos llamar de carencia afectiva o complejo de inferioridad: Yo necesito gustar más de lo que es el otro. Yo necesito sentirme más amado de lo que es el otro. Yo necesito que alguien me preste más atención a mí.

Vemos, diariamente, por las calles de nuestras ciudades, hombres y muchachos, chicas y mujeres que envenenan sus motores de motos y de coches, para hacer todo el barullo del mundo para llamar la atención. Pasan a nuestro lado con los sonidos del coche a máximo volumen, trepidando, para llamar la atención. Criaturas que se llenan de piergings, de tatuajes, que se pintan de las formas más aberrantes. No puede ser por estética, es para llamar la atención. Empezamos a ver que hay necesidad casi enferma de ser especial. Pero, en el plano de Dios, todos somos igualmente especiales. Eso porque Dios creo Leyes. Esas Leyes de Dios, que también llamamos de Leyes Divinas regulan todo lo que pasa en el Universo. Es por eso que, gustando o no, queriendo o no, tenemos que recibir en la Tierra el invierno, el otoño, la primavera, el verano.

Tenemos que vivir las noches, por más que tengamos miedo de la oscuridad y los días, por más que el sol nos afecte la epidermis. Todas las Leyes de Dios fueron hechas para todos Sus hijos. Entonces, vivimos en un mundo sometido a Leyes y, si estamos en un mundo y en un Universo sometidos a Leyes, no hay criterio de especialidad en el plan de Dios. Hay Leyes que sirven para esos hijos, hay Leyes que sirven para aquellos hijos. Lo que ocurre en el plano de la Divinidad, por lo que aprendemos de los Guías del mundo, es que son las mismas Leyes de Dios que se adaptan a los niveles en que se encuentran los hijos de Dios, de la misma manera que las leyes humanas no se aplican del mismo modo a los niños, a los indígenas, a los enfermos mentales, por su condición de aquel momento, de aquel periodo. Entonces en el mundo, en los mundos, las Leyes Divinas son las mismas, ajustadas al aprendizaje.

El hecho de que vivamos bajo las Leyes de Dios garantiza que hay justicia. Cuando Jesús Cristo nos enseño: A cada uno será dado conforme sus obras, ahí está una demostración de la Ley de Justicia. A cada uno será dado conforme sus obras. No nos adelantará decir, como mucha gente dice: Yo estoy mejor de lo que merezco. No es verdad porque si alguien estuviera mejor de lo que merece, razón tendrá otro de decir que esta peor de lo que merece, porque si hay que mantener el equilibrio universal de las energías. Si alguien recibe más de lo que el merece, ese algo de mas fue sacado de alguien. De modo que vivimos en un mundo, exactamente como merecemos, porque a cada uno es dado conforme a sus obras. Fue Jesús Cristo que nos enseño esto. De manera que vale la pena irnos acostumbrando a esa idea de que no somos especiales en relación a nuestros hermanos. Todos somos especiales en el plan de Dios, por que El nos ama.

* * *

Es el amor de Dios que nos permite experimentar en el mundo todas esas delicias que el mundo nos proporciona y sufrir en el mundo todas las dificultadas que él nos impone. Es porque hay Leyes. No existe una única criatura que no esté sometida al sol y a la lluvia, a los vientos, a los rayos cósmicos, a los rayos solares. No existe una única criatura. Cuando pensamos en ese Universo de Leyes, en esas Leyes perfectas del Creador, que es perfecto, tenemos que convenir que necesitamos ajustarnos a esa comprensión de que somos gobernador por Leyes. Cuando pensamos en eso, pensamos también en la vulnerabilidad a que estamos sujetos aquí en la Tierra, principalmente en nivel biológico, o nuestro cuerpo físico. Nacemos todos niños, nuestra tendencia es crecer. Pero en la medida en que el tiempo pasa, nuestro cuerpo va siendo sometido a las leyes biológicas. Vamos envejeciendo. Si no desencarnamos en niños, todo tendremos que presentarnos a la adolescencia, atravesar los caminos difíciles de la adolescencia, las luchas internas, los ajustes psicológicos, los arreglos orgánicos, hormonales. Todos pasamos por esto: es una fatalidad biológica. De allí a poco crecemos. Unos engordan, cuando eran delgados en la juventud, otros adelgazan, cuando eran gorditos en la juventud. Son las leyes de la biología, de la genética, fatales.

Pero hay aquellas que no se conforman con la vejez del cuerpo. Por más bellos, por más bellas que hayan sido las personas, llega el día, una vez que el tiempo es inexorable, que vamos teniendo la piel deshidratada, nos van apareciendo las arrugas, las patas de gallo y allá estamos envejeciendo. No adelanta apelar solamente para cirugías plásticas, porque ellas nos estiran la piel, el rostro, el cuerpo, pero no arreglan las articulaciones y comenzamos a arrastrar las articulaciones. La voz se nos altera, el raciocinio se nos altera; es una imposición biológica. Llegamos a un punto que ya no podemos comer a partir de cierto horario. Un caldito, una sopita, en el inicio de la tarde. Cuando somos jóvenes, comemos de todo a cualquier hora, comemos cualquier cosa. En la medida en que la maquina orgánica va envejeciendo, tenemos que tener cuidado. No podemos comer cualquier cosa, porque hay problemas de vesícula, hay problemas de riñones, hay problemas de estomago, hay problemas de todo orden, la maquinaria está comprometida por la edad.

Las leyes: quien no desencarna antes, envejecerá. ¿Y las enfermedades? Todos estamos sometidos en la Tierra a esa posibilidad de enfermar. Estamos sujetos a los virus, a las bacterias, a los bacilos, a los gérmenes de todos los tipos. Y ahí contraemos, desde resfriados, de gripes a canceres, tuberculosis, sífilis, pénfigo. Son Leyes. Nuestro cuerpo es vulnerable, porque en el Tierra, todo está sujeto a esto. Las plantas quedan enfermas, los animales quedan enfermos, los minerales quedan enfermos y, naturalmente, en esos reinos anteriores a la Humanidad, a esas dolencias del reino mineral, decimos que se transforman los minerales. Donde hoy encontramos la montaña de barro rojo, era una montaña de hierro, de mineral de hierro, que los milenios transformaron en barro. Es el hierro que murió, el hierro que enfermo y que se transformó. Las montañas de sílice se convirtieron en arena, en arenales. El envejecimiento de la sílice, del silicio. Vamos viendo que todo en la naturaleza es así. La planta minúscula se convirtió en árbol frondoso. Estamos todos sometidos a las Leyes. Pero todas las Leyes que rigen nuestra vida en la Tierra, hay una que es especial, la Ley del Amor. Si nos dejamos dirigir por la Ley del Amor, las luchas del cuerpo, de la salud, de la vida social, todas serán un nada, porque el amor es lo que nos unirá. No fue por otra razón que dijo Jesús Cristo: En eso reconocerán que sois Mis discípulos, si os amáis unos a otros: las Leyes de Dios en nuestras vidas.

Raúl Teixeira


Traducido por Jacob y enviado por: "Mari" akardec@akardec.com mari_luzespiritual



Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 170, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em setembro de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 30.08.2009. Disponível no DVD Vida e Valores v. 5, ed. Fep. Em 05.01.2010.

21 febrero 2012

Evolución moral

Nuestra evolución moral es muy importante, poner todos nuestros esfuerzos para que podamos mejorar en el ámbito moral, pues el hecho de que seamos moralmente mejores es un trabajo que depende de nosotros, de nuestro día a día, y para poderlo conseguir, para hacer que fructifique dentro de nosotros esa moral mas elevada, tenemos que tener varias herramientas a nuestro servicio, esforzarnos para tener esas herramientas, y el Padre que es todo a amor, siempre nos ofrece todo lo que necesitamos.

Una de las herramientas que necesitamos para que moralmente avancemos, es la herramienta de la oración, es cierto que al ser una herramienta tan sencilla de utilizar, cuesta colocarla en nuestro día a día, porque algunos no creen en ella, sólo creen que son nada más que palabras y no sirven de nada, otros no la utilizan lo suficiente, y otros aparentemente la utilizan mucho, pero en el fondo de su corazón no dicen nada, entre tanto, los que realmente la valoran, son estos últimos que ya tienen una herramienta muy valiosa.

La oración nos da orientación, nos ofrece fortaleza, y nos aporta confianza para soportar todos los embates de la vida, mas con la oración siempre saldremos victoriosos de todos los problemas.

Otra herramienta muy necesaria es el estudio, es el saber, el conocimiento de las cosas, y a través de la doctrina espirita, se sabe todo lo necesario, y cuando se conoce o al menos se entiende lo más básico, entonces comprendemos que el Creador es nuestro propio destino y sin Él no somos nada, aunque Jesús ya lo dijo claramente con la oración mejor orientada hasta el momento, el Padre nuestro, pues esta sencilla oración dice mucho y nos puede ayudar mucho.

Por lo tanto, con la herramienta de la oración, y con la herramienta del conocimiento, este último estaría en el evangelio de Jesús, podemos evolucionar moralmente, más entendiendo todo esto y sabiendo cómo nuestro hermano Jesús se enfrentó en aquel tiempo y expuso que Dios es todo amor, con todo esto, nosotros tenemos todo lo necesario para aprender, para mejorar, no podemos excusarnos en absoluto, pues todo lo que necesitamos para mejorar, todo, lo tenemos.
Querer a nuestros hermanos como a nosotros mismos, ya es un comienzo para ser mejores, pues si hacemos a los demás, lo que nos gustaría que nos hicieran, sin duda, ya es un avance notable, y Jesús nos orientó mucho en eso. Así pues disponemos de todo para avanzar, para ser mejores, no podemos decir que Dios no nos ayuda, pues nos ayuda constantemente, seamos creyentes o ateos, creamos en el dios vengativo, o en el Dios de amor, sea lo que sea, Él siempre nos ayuda, entonces, no podemos excusarnos más en todo, cuando decimos que no sabemos nada, eso ya no se puede decir, porque quien busca encuentra, quien busca a Jesús siempre lo va a encontrar.

Sin duda, hay muchas religiones, y todas ellas pueden ser muy buenas para nosotros, no en tanto, Jesús nos lo aclaró mejor y con mayor sencillez, pues simplemente, siendo buenos, simplemente, teniendo presente de que Dios es todo amor, y que Jesús nos dejó claramente, "Quered a Dios por encima de todo y a nuestros hermanos como a nosotros mismos" sin más tenemos todo para ser mejores, y podemos empezar por esto.

Ya no podemos esquivar esta gran verdad, es sólo perder el tiempo, es sólo que cuando volvamos a casa, a nuestro mundo espiritual, nos daremos cuenta del tiempo que hemos perdido, y ese tiempo no podemos perderlo más, no dejemos que llegue ese momento donde nos daremos cuenta de esta realidad, pero ya será tarde, actuemos ahora, esforcémonos por ser mejores, hagamos todo lo posible para ser buenos, da igual la religión que escojamos, las doctrinas que sigamos, lo importante es esforzarse por mejorar, por ser mejores, porque si actuamos así, entonces no habremos perdido el tiempo sin hacer nada bueno, habremos sembrado el bien y habremos comprendido al Dios que es todo amor, al Padre que nunca se cansa de ayudarnos a mejorar.

Espíritu Rafael

17 febrero 2012

Aprendamos de nuestros problemas.


Cada situación difícil es una prueba para nuestro adelanto, en todo momento estamos aprendiendo, en todo momento, estamos evolucionando, o al menos, tenemos esa oportunidad, porque en muchas ocasiones lo que hacemos es todo lo contrario, es justamente, ahogarnos en desesperos y arrebatos, por eso, lo que podía haber sido un oportunidad para ser un poco mejores es ahí que se ha perdido una valiosa oportunidad.

No podemos actuar delante de los problemas de manera intranquila y con nerviosismo, pues en esos momentos vienen las discusiones, vienen los arrebatos, y en definitiva, no hemos aprendido, no podemos actuar de esa manera, pues es perder el tiempo.

Seamos siempre delante de las dificultades, personas tranquilas y con coraje, para aprender mejor de todos esos problemas, e intentar aprender de todas esas circunstancias, pues son oportunidades, y que siendo aprovechadas sin duda, creceremos en el bien.

Como ya se sabe, la oración es siempre la mejor manera para poder lidiar con cualquier problema por muy difícil que pueda ser y así, es como siempre iremos para mejor, siempre estaremos mejor en todo.

No caigamos en la insensatez y el error, actuemos en el bien y trabajemos siempre delante de los problemas pensando en Jesús, y pidiendo ayuda al Padre, pues así con certeza no cometeremos el error de hacer las cosas mal.

Espíritu Rafael.

Remedio de base del Espiritu: ANDRÉ LUIZ



Es posible que haya usted caído en profundo desánimo, por estar sufriendo:

la falta de alguien;

la incomprensión de amigos;

el frío de la soledad;

el conflicto de ideas;

acusaciones indebidas;

desajustes en el trabajo;

deudas agravadas;

perjuicio en los negocios;

enfermedades en el propio cuerpo;

molestias en familia;

complejos de culpa;

reproches y críticas;

sensaciones de abandono;

luchas y desafectos;

deserciones de entes valiosos;

y obsesiones ocultas.


...Sea cual sea, no obstante, su prueba en sí, yerga su cabeza, ponga los ojos hacia lo Alto y retome la tarea en que deba servir, confiándose a Dios, porque Dios proveerá y en Dios cualquier problema encontrará solución.


Espiritu: ANDRÉ LUIZ
Médium: Francisco Cândido Xavier

Enviado por: "Mari" akardec@akardec.com   mari_luzespiritual