22 febrero 2012

Las leyes de la vida

Todos tenemos necesidad de reflexionar con amplitud al respecto de nuestra vida en el mundo, porque absolutamente nosotros somos todos iguales. En el plano de Dios somos todos iguales. No existe una única criatura que sea superior a la otra. Como hijos de Dios, no. Dios no creó hijos escalonados: Este es del primer grupo, este es del segundo, este es de la raza inferior, este es de la raza superior. Dios creó a Sus hijos simples e ignorantes, todos partiendo del mismo punto para alcanzar la plenitud de sí mismo. De ahí, comenzamos a pensar en esa especialidad en que mucha gente se coloca. Hay muchas personas que se imaginan más especiales que otras. Impostan para hablar, se imaginan mas amadas, más queridas por Dios, se visten de manera especial por causa de eso, adoptan nombres clave particulares por causa de eso. Porque ellas se sienten especiales. Eso corresponde a un proceso psicológico de la Humanidad, del ser humano, que podremos llamar de carencia afectiva o complejo de inferioridad: Yo necesito gustar más de lo que es el otro. Yo necesito sentirme más amado de lo que es el otro. Yo necesito que alguien me preste más atención a mí.

Vemos, diariamente, por las calles de nuestras ciudades, hombres y muchachos, chicas y mujeres que envenenan sus motores de motos y de coches, para hacer todo el barullo del mundo para llamar la atención. Pasan a nuestro lado con los sonidos del coche a máximo volumen, trepidando, para llamar la atención. Criaturas que se llenan de piergings, de tatuajes, que se pintan de las formas más aberrantes. No puede ser por estética, es para llamar la atención. Empezamos a ver que hay necesidad casi enferma de ser especial. Pero, en el plano de Dios, todos somos igualmente especiales. Eso porque Dios creo Leyes. Esas Leyes de Dios, que también llamamos de Leyes Divinas regulan todo lo que pasa en el Universo. Es por eso que, gustando o no, queriendo o no, tenemos que recibir en la Tierra el invierno, el otoño, la primavera, el verano.

Tenemos que vivir las noches, por más que tengamos miedo de la oscuridad y los días, por más que el sol nos afecte la epidermis. Todas las Leyes de Dios fueron hechas para todos Sus hijos. Entonces, vivimos en un mundo sometido a Leyes y, si estamos en un mundo y en un Universo sometidos a Leyes, no hay criterio de especialidad en el plan de Dios. Hay Leyes que sirven para esos hijos, hay Leyes que sirven para aquellos hijos. Lo que ocurre en el plano de la Divinidad, por lo que aprendemos de los Guías del mundo, es que son las mismas Leyes de Dios que se adaptan a los niveles en que se encuentran los hijos de Dios, de la misma manera que las leyes humanas no se aplican del mismo modo a los niños, a los indígenas, a los enfermos mentales, por su condición de aquel momento, de aquel periodo. Entonces en el mundo, en los mundos, las Leyes Divinas son las mismas, ajustadas al aprendizaje.

El hecho de que vivamos bajo las Leyes de Dios garantiza que hay justicia. Cuando Jesús Cristo nos enseño: A cada uno será dado conforme sus obras, ahí está una demostración de la Ley de Justicia. A cada uno será dado conforme sus obras. No nos adelantará decir, como mucha gente dice: Yo estoy mejor de lo que merezco. No es verdad porque si alguien estuviera mejor de lo que merece, razón tendrá otro de decir que esta peor de lo que merece, porque si hay que mantener el equilibrio universal de las energías. Si alguien recibe más de lo que el merece, ese algo de mas fue sacado de alguien. De modo que vivimos en un mundo, exactamente como merecemos, porque a cada uno es dado conforme a sus obras. Fue Jesús Cristo que nos enseño esto. De manera que vale la pena irnos acostumbrando a esa idea de que no somos especiales en relación a nuestros hermanos. Todos somos especiales en el plan de Dios, por que El nos ama.

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Es el amor de Dios que nos permite experimentar en el mundo todas esas delicias que el mundo nos proporciona y sufrir en el mundo todas las dificultadas que él nos impone. Es porque hay Leyes. No existe una única criatura que no esté sometida al sol y a la lluvia, a los vientos, a los rayos cósmicos, a los rayos solares. No existe una única criatura. Cuando pensamos en ese Universo de Leyes, en esas Leyes perfectas del Creador, que es perfecto, tenemos que convenir que necesitamos ajustarnos a esa comprensión de que somos gobernador por Leyes. Cuando pensamos en eso, pensamos también en la vulnerabilidad a que estamos sujetos aquí en la Tierra, principalmente en nivel biológico, o nuestro cuerpo físico. Nacemos todos niños, nuestra tendencia es crecer. Pero en la medida en que el tiempo pasa, nuestro cuerpo va siendo sometido a las leyes biológicas. Vamos envejeciendo. Si no desencarnamos en niños, todo tendremos que presentarnos a la adolescencia, atravesar los caminos difíciles de la adolescencia, las luchas internas, los ajustes psicológicos, los arreglos orgánicos, hormonales. Todos pasamos por esto: es una fatalidad biológica. De allí a poco crecemos. Unos engordan, cuando eran delgados en la juventud, otros adelgazan, cuando eran gorditos en la juventud. Son las leyes de la biología, de la genética, fatales.

Pero hay aquellas que no se conforman con la vejez del cuerpo. Por más bellos, por más bellas que hayan sido las personas, llega el día, una vez que el tiempo es inexorable, que vamos teniendo la piel deshidratada, nos van apareciendo las arrugas, las patas de gallo y allá estamos envejeciendo. No adelanta apelar solamente para cirugías plásticas, porque ellas nos estiran la piel, el rostro, el cuerpo, pero no arreglan las articulaciones y comenzamos a arrastrar las articulaciones. La voz se nos altera, el raciocinio se nos altera; es una imposición biológica. Llegamos a un punto que ya no podemos comer a partir de cierto horario. Un caldito, una sopita, en el inicio de la tarde. Cuando somos jóvenes, comemos de todo a cualquier hora, comemos cualquier cosa. En la medida en que la maquina orgánica va envejeciendo, tenemos que tener cuidado. No podemos comer cualquier cosa, porque hay problemas de vesícula, hay problemas de riñones, hay problemas de estomago, hay problemas de todo orden, la maquinaria está comprometida por la edad.

Las leyes: quien no desencarna antes, envejecerá. ¿Y las enfermedades? Todos estamos sometidos en la Tierra a esa posibilidad de enfermar. Estamos sujetos a los virus, a las bacterias, a los bacilos, a los gérmenes de todos los tipos. Y ahí contraemos, desde resfriados, de gripes a canceres, tuberculosis, sífilis, pénfigo. Son Leyes. Nuestro cuerpo es vulnerable, porque en el Tierra, todo está sujeto a esto. Las plantas quedan enfermas, los animales quedan enfermos, los minerales quedan enfermos y, naturalmente, en esos reinos anteriores a la Humanidad, a esas dolencias del reino mineral, decimos que se transforman los minerales. Donde hoy encontramos la montaña de barro rojo, era una montaña de hierro, de mineral de hierro, que los milenios transformaron en barro. Es el hierro que murió, el hierro que enfermo y que se transformó. Las montañas de sílice se convirtieron en arena, en arenales. El envejecimiento de la sílice, del silicio. Vamos viendo que todo en la naturaleza es así. La planta minúscula se convirtió en árbol frondoso. Estamos todos sometidos a las Leyes. Pero todas las Leyes que rigen nuestra vida en la Tierra, hay una que es especial, la Ley del Amor. Si nos dejamos dirigir por la Ley del Amor, las luchas del cuerpo, de la salud, de la vida social, todas serán un nada, porque el amor es lo que nos unirá. No fue por otra razón que dijo Jesús Cristo: En eso reconocerán que sois Mis discípulos, si os amáis unos a otros: las Leyes de Dios en nuestras vidas.

Raúl Teixeira


Traducido por Jacob y enviado por: "Mari" akardec@akardec.com mari_luzespiritual



Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 170, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em setembro de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 30.08.2009. Disponível no DVD Vida e Valores v. 5, ed. Fep. Em 05.01.2010.