20 octubre 2009

El Espiritismo como ciencia

En el medio espírita es muy común la utilización de la palabra “ciencia” para dar una definición de la doctrina espírita. Incluso Allan Kardec, al dar una definición del espiritismo, usa la palabra ciencia, es más, dice textualmente: “El espiritismo es la ciencia que estudia la naturaleza, el origen y el destino de los espíritus, y las relaciones que hay entre el mundo espiritual y el mundo corporal”. El uso de esta palabra es uno de los temas que más puede sorprender a aquellas personas que no conocen el espiritismo, ya que les extraña que el concepto de ciencia vaya unido a una idea que se encarga de cuestiones como la comunicabilidad con los espíritus, la reencarnación, la existencia de Dios, la inmortalidad del alma, las enseñanzas morales de Jesús etc. Otro de los argumentos de aquellos que no conocen el espiritismo, es que la ciencia no considera los fenómenos espíritas dentro de sus objetivos de estudio. En esta cuestión, tenemos que considerar que la “ciencia” es un medio de conocer la realidad, siguiendo un determinado método, que se designa con el nombre del “método científico”.Teniendo en cuenta esta premisa, todo medio de aproximación a la realidad que tenga en cuenta este método, será, por consecuencia, una ciencia, independientemente que sea o no considerada “oficial”. Dentro de este orden de ideas, debemos reconocer, también, que cada ciencia se especializa en un determinado contexto, por ejemplo, la Biología, en el estudio de la vida en sus múltiples aspectos, la física de las propiedades íntimas de la materia, la química de las interacciones de estas propiedades, y así cada una de las ciencias, se dedica a una rama del conocimiento, teniendo su especialización. Por ello, que la medicina, la biología, la física… no se ocupen de las cuestiones espirituales no significa que estas no sean verdad, sólo que por el momento, no son el objetivo de sus investigaciones. Por otra parte, existe también un proceso sociológico estudiado perfectamente por las ciencias de la educación. Es el de las “creencias”, y cuando hablamos de creencias, no nos referimos sólo a las creencias religiosas. Y entre las creencias “erróneas” que hacen parte de nuestra sociedad, es la de atribuir un carácter de infalibilidad a la denominada ciencia oficial y a los científicos que se encargan de ella. Esto es una realidad, y la podemos observar a diario, sobre todo nosotros. Hemos oído decir en más de una ocasión, cuando le planteamos a alguien la idea de la doctrina espírita: “si fuera verdad, la ciencia lo diría”. Desde el punto de vista científico, esto es un absurdo, ya que la propia ciencia demuestra su progreso constante, y afirma que para nada está en posesión absoluta de la verdad, sino todo lo contrario. Precisamente una de las ideas más interesantes de la ciencia, es que no tiene principios o teorías absolutas, ya que nuevos métodos de investigación podrían hacernos observar mejor los fenómenos y descubrir cosas que no sabemos, u otras que creemos que son de una manera, que sean de otras. En definitiva, si el espiritismo es una ciencia o no, no será porque lo confirmen las llamadas ciencias oficiales, sino porque en realidad siga o no el método científico. Pero antes de pasar a verificar si el espiritismo sigue o no el método científico, vamos a explicar rápidamente en qué consiste el método científico. Se considera método científico a una serie de pasos, que tienen por objetivo el estudio de un fenómeno. La característica fundamental del método científico, es que estudie fenómenos naturales, y que de alguna manera, puedan ser percibidos por los sentidos, o bien por medio de instrumentos capaces de percibirlos. Todo lo que no sea natural, no sería característico de la ciencia. El primer paso del método científico, es la observación. Ella consiste en el proceso de observar un determinado fenómeno que existe en la naturaleza. La observación exige de un conocimiento, ya que los fenómenos naturales existen en la naturaleza y son observados generalmente por las personas, más no todas los observan desde una visión científica. La observación del fenómeno, no implica simplemente verlo, sino preguntarse los porqués. El porqué ocurre, cual es la causa que lo provoca, cuales son sus consecuencias, etc. El segundo paso del método científico, es la formulación de hipótesis. Una hipótesis, es una suposición que pretende explicar el fenómeno observado. La hipótesis debe ser racional, que explique de forma lógica el fenómeno, y que pueda responder a las diversas formas en las que el fenómeno pueda presentarse. Además, algo muy importante, es que la hipótesis pueda ponerse a prueba, y demostrarse si es cierta o no lo es. Sin esta última característica, no estaríamos hablando de una ciencia, sino de una filosofía, que puede demostrar de forma lógica un determinado fenómeno, más no puede hacerlo de forma empírica, es decir, demostrando las hipótesis. El tercer paso, sería la experimentación. Es un paso muy importante, cuyo objetivo es la verificación de la hipótesis planteada. En este paso se pueden usar dos o varias variables, dependiendo del objeto de estudio. Además, esas variables pueden ser modificadas por el experimentador, o bien pueden no ser modificadas, dependiendo de la naturaleza de esas variables. Lo importante, es que el objetivo sea cumplido, es decir, que la hipótesis sea demostrada empíricamente o bien no se pueda demostrar, lo que llevaría a formular nuevas hipótesis y repetir el proceso. Y el cuarto paso, es la formulación de leyes y teorías, que constituye la parte definitiva. En relación a las investigaciones hechas, los datos obtenidos, se elaboran las leyes o teorías, dependiendo de los resultados obtenidos. Es un paso que requiere mucho estudio para no equivocarse en la formulación de esas conclusiones, que nunca serán definitivas, sino provisionales, a la espera de que nuevos conocimientos puedan ampliarlas, refutarlas o validarlas. De forma muy rápida y concisa, hemos visto los pasos del método científico. Ahora, nos toca determinar si el espiritismo ha seguido esos pasos o no, lo que haremos también de forma muy rápida, ya que existen diversas obras donde se explican con más detalle estos pasos, obras a las cuales remitimos al lector para un mayor conocimiento del tema. Como dijimos, el primer paso del método científico, es la observación racional, es decir, empleando la razón en aquello que se observa, intentando preguntarnos los porqués de lo que pasa. Si estudiamos con detenimiento la historia del espiritismo, veremos como ese primer paso fue perfectamente realizado. Desde los fenómenos en Hydesville, a través de las hermanas Fox, se han venido observando una serie de fenómenos que entraba a formar parte de lo que hoy se conoce con el nombre de “paranormales”. Esos fenómenos, que sucedían espontáneamente, fueron al comienzo objeto de diversión de multitud de personas, empero, otras, al observar estos fenómenos, comenzaron, lo que podríamos denominar: “la era científica de los fenómenos paranormales” ya que al observarlos, se preguntaban cuales eran las causas que los producían. Entre estas personas hubo muchos que también eran destacados en las diversas ciencias oficiales, y que delante del nuevo campo de investigación, usaron la misma rigidez, (o incluso más), que la empleada para la investigación de sus campos profesionales de estudio. Entre ellos, en esa época, podemos citar a: (poner nombres de los científicos referidos). (Ver el libro: “Historia del Espiritismo” de Arthur Conan Doyle) Siguiendo con el método científico, el segundo paso es el de elaborar hipótesis que explicasen esos fenómenos. Así, paralelamente al interés suscitado por ese orden de fenómenos, comenzaron a surgir diversas hipótesis, que intentaban explicar los fenómenos. Las hipótesis que surgieron fueron muchas y muy diversas, sobre todo, por tratarse de un campo de estudio totalmente nuevo. El lector podrá encontrar una relación de algunas de ellas en el capítulo 3 del libro de los médiums de Allan Kardec, titulado: “Sistemas”. A pesar de las muchas hipótesis que surgieron, muchas de ellas fueron descartadas en breve, por no poder explicar sino una parte muy concreta de los fenómenos y no los fenómenos en todas sus modalidades. Otras prevalecieron más tiempo, y entre ellas, podemos destacar cuatro grupos generales. El primer grupo, sería el de ver una causa energética absolutamente mecánica en los fenómenos. Otro grupo de hipótesis, pretendía explicar los fenómenos, como resultado de una manifestación inconsciente y mecánica de la inteligencia de los asistentes a las reuniones. Otro grupo de ideas al respecto de esos fenómenos, afirmaba que todo se trataba de un fraude muy bien elaborado. Y el último, que las manifestaciones eran resultado de inteligencias extracorpóreas, a las que se designaba con el nombre de espíritus. El desafío siguiente, sería intentar ver cual de esas hipótesis podía explicar mejor los hechos. Llegamos así, al tercer punto del método científico, la experimentación: Dentro de este aspecto, las investigaciones partieron de lo conocido a lo desconocido, e intentaron responder en primer lugar, a aquellas hipótesis que eran más conocidas, para pasar a las más desconocidas. Por ello, lo primero que se intentó verificar, era si los fenómenos eran o no reales. Es decir, si la hipótesis de fraude los podía explicar. Después de someter a los médiums a investigaciones cuidadosas, se pudo concluir con que había, efectivamente, una serie de fenómenos que eran fraudulentos, sobre todo se podía ver esto en personas que los realizaban de forma profesional, y tenían un rendimiento económico, sin embargo, también se observaron muchos fenómenos que eran reales, y en los que era imposible ver un fraude. Sobre todo, en los fenómenos espontáneos. También existía otro factor a tener en cuenta, y era que entre los médiums, los había que no ganaban nada, que todo lo hacían de forma desinteresada y que solían sacar más perjuicio que beneficio de los fenómenos. Fue especialmente entre estos médiums, donde se encontraron más pruebas evidentes de la realidad del fenómeno. Una vez descartada la idea de fraude, se investigó en torno de la posibilidad que una fuerza mecánica actuase en los fenómenos. Sin embargo, los fenómenos presentaban inteligencia, y podían contestar de forma racional a las preguntas hechas por los investigadores. Por ello, se descartó la idea de que la causa fuese únicamente mecánica, ya que debía, para contestar de forma inteligente, ser inteligente. Así, se llegó a la conclusión de que los fenómenos eran una manifestación inconsciente de los manifestantes. Esta idea hubiera sido muy buena si no hubiera una serie de hechos que la desmentían. Era que a veces, las ideas expuestas por el fenómeno, eran contrarias a las que los asistentes tenían. Otras veces, el fenómeno se manifestaba mostrando características sumamente personales, como una individualidad, una personalidad, unos gustos, unos conocimientos, etc. Que no eran los de los allí presentes. Otras veces, se manifestaba en un idioma que ninguno conocía, otras veces por medio de la pintura. En definitiva, mostrando una individualidad y unos conocimientos propios, por lo que esa hipótesis no parecía explicar todos los fenómenos. Por último, la idea espiritista, es decir, que eran los espíritus los que producían todos esos fenómenos. Como vemos, el tercer punto del método científico, está presente en el espiritismo, pues ha habido una investigación para intentar explicar las diversas hipótesis que surgieron para explicar un determinado orden de hechos. Incluso los datos obtenidos, pueden ser catalogados como empíricos. Pues se pudo tener constancia material de los fenómenos producidos, y las dos o más variables con las que se trabajaba, eran perfectamente empíricas. Remitimos al lector a la obra ya mencionada, “Historia del espiritismo”, donde encontrará un resumen de las diversas investigaciones que se llevaron a cabo. De la misma forma, podrá el lector encontrar en la lectura de dicho libro, otras fuentes donde ampliar sus conocimientos sobre el proceso de investigación frente a los fenómenos mediúmicos. Como resultado de esa investigación, surgieron unas conclusiones que fueron perfectamente catalogadas, y que serían la elaboración de las diversas leyes y teorías, como conclusión de los estudios realizados. “El Libro de los Médiums” de Allan Kardec, por ejemplo, es un compendio de las conclusiones a que se llegaron después de largos estudios. Quizás, quien lea el Libro de los Médiums, pueda pensar que las conclusiones a las que llegó Kardec, en su investigación de la mediúmnidad, puedan haber sido un tanto precipitadas. La verdad es que Kardec establece en el libro los resultados, pero no repite las investigaciones que le llevaron a esos resultados, por la razón de que ya están sumamente explicadas en otras obras que tratan sobre el asunto. Lo realmente admirable, es que hoy, después de 150 años, las conclusiones a las que llegó Kardec siguen siendo válidas dentro de la ciencia espírita, que por supuesto, continúa progresando y actualizándose, condición precisa para que sea ciencia. Lamentablemente, es un campo de investigación “no oficial” y por lo tanto, las posibilidades son escasas, ya que no se tienen los suficientes recursos como para poder realizar una investigación aún mayor. Trabajos como los del ingeniero Hernani Guimaraes Andrade, o el Doctor Felipe Sergio de Oliveira, son ejemplos admirables de investigaciones actuales en el campo de la mediúmnidad. Una de las críticas más comunes al respecto del espiritismo como ciencia, es que no aborda fenómenos naturales. A mi, personalmente, me parece una crítica absurda, porque no creo que nadie tenga el control sobre lo que es o no es natural. El espiritismo es muy claro a este respecto, y afirma que los fenómenos mediúmnicos son perfectamente naturales. El problema, es que se considera natural, sólo lo que la ciencia oficial puede estudiar, en una postura estrecha de miras, ya que según eso, estamos limitando la naturaleza a la ciencia, lo que debería ser al contrario, pues es la ciencia la que estudia en la naturaleza y no ésta la que actúa según la ciencia. Por lo tanto, establecer que los fenómenos mediúmnicos no son naturales, es demostrar escasa inteligencia y pretender que las cosas giran en torno de nuestras ideas. Otra de las críticas que se oponen al concepto del espiritismo como ciencia, es que las variables no pueden ser modificadas a gusto del experimentador. Esto es cierto, pero hoy se conocen muchas ciencias cuyas variables no pueden ser modificadas por el experimentador, ya que el campo de estudio está dentro de una serie de fenómenos que no son modificables por el hombre, y que sólo se producen en determinadas circunstancias. Incluso muchos de estos fenómenos, para ser correctamente estudiados, necesitan de esta característica, pues si el hombre los modifica, los resultados no serían iguales. Por ejemplo, si deseamos estudiar el comportamiento de los animales dentro de su hábitat natural, no podremos cambiar variables de estudio, ya que al hacerlo, estaríamos modificando los posibles resultados. El espiritismo estudia los seres espirituales y sus relaciones con el hombre, por lo que el estudio deberá ser observarlos en su campo de acción, lo que no implica que sea una ciencia. Llegamos al final del artículo, sin la pretensión de haber agotado el tema. Hay mucho que hablar sobre el mismo, sin embargo, lo que pretendíamos, era intentar explicar que el espiritismo es realmente una ciencia.

Por Juan José Torres

La caridad-amor es la base del edificio social

¿Cómo llegará esto? Puesto que el reino del bien es incompatible con el egoísmo, hace falta la destrucción del egoísmo; ahora bien, ¿quién puede destruirlo? El predominio del sentimiento de amor, que induce a los hombres a tratarse como hermanos y no como enemigos. La caridad es la base la piedra angular dé todo el edificio social; sin ella, el hombre no edificará más que sobre arena. Que los esfuerzos y sobre todo los ejemplos de todos los hombres de bien tiendan, pues, a propagarla; que no desesperen si notan un recrudecimiento en las malas pasiones: ellas son los enemigos del bien y viéndole avanzar, se lanzan contra él; pero Dios ha permitido que, por sus propios excesos, ellas se autodestruyan; el paroxismo de un mal es siempre la señal de que toca a su fin. Acabo de decir que sin la caridad el hombre no construye sino sobre la arena; un ejemplo nos lo hará comprender mejor. Algunos hombres bien intencionados, conmovidos por los sufrimientos de una parte de sus semejantes, han creído hallar el remedio al mal en determinados sistemas de reforma social. Con pocas diferencias, el principio es poco más o menos el mismo en todos, sea cual sea el nombre que se les dé. Vida en común para que sea menos onerosa; comunidad de bienes para que cada uno tenga algo; participación de todos en la obra común; nada de grandes riquezas, pero también nada de miseria. Eso era muy seductor para aquél que, no teniendo nada, veía ya la bolsa del rico entrar en el fondo social, sin calcular que la totalidad de las riquezas puestas en común crearía una miseria general en lugar de una miseria parcial; que la igualdad establecida hoy sería rota mañana por la movilidad de la población y la diferencia entre las aptitudes; que la igualdad permanente de los bienes supone la igualdad de las capacidades y el trabajo. Pero la cuestión no está ahí; no entra en mi esquema examinar la fuerza y la debilidad de esos sistemas; hago abstracción de las Imposibilidades de las que acabo de hablar, y me propongo examinarlas desde otro punto de vista del cual, que yo sepa, nadie se ha preocupado todavía y que tiene relación con nuestro tema. Los autores, fundadores o promotores de todos estos sistemas sin excepción, no se han propuesto más que la organización de la vida material de una manera provechosa para todos. El fin es digno de elogio sin lugar a dudas; falta saber si dicho edificio no carece de la base que, sólo ella, podría consolidarlo admitiendo que fuera practicable. La comunidad es la renuncia más completa de la personalidad: cada uno debe poner su esfuerzo personal y ello requiere la abnegación más absoluta. Ahora bien, el móvil de la abnegación y de la renuncia, es la caridad, es decir, el amor al prójimo. Pero nosotros hemos reconocido que el fundamento de la caridad es la creencia; que la falta de creencia conduce al materialismo, y el materialismo al egoísmo. En un sistema que, por su naturaleza, requiere para su estabilidad las virtudes morales en grado supremo, hacía falta tomar el punto de partida en el elemento espiritual. Pues bien, no sólo no se le ha tomado en consideración, al ser el material el único fin, sino que varios de estos sistemas están basados en una doctrina materialista a voces confesada, o en un panteísmo, especie de materialismo disfrazado, es decir, adornados con el bello nombre de fraternidad; pero la fraternidad, igual que la caridad, no se impone ni se decreta; hace falta que esté en el corazón; y no es precisamente el sistema el que la hará nacer si ella no está ya en él, mientras que lo contrario arrumará el sistema y lo hará caer en la anarquía, porque cada uno querrá procurar para sí. La experiencia está ahí para probar que estos sistemas no ahogan ni las ambiciones ni la codicia. Antes de hacer la cosa para los hombres, había que formar a los hombres para la cosa, como se forma a los obreros antes de confiarles un trabajo; antes de edificar, hay que asegurarse de la solidez de los materiales. Aquí los materiales sólidos son los hombres de corazón, dedicación y abnegación. Con el egoísmo, el amor y la fraternidad son palabras vanas, tal como hemos dicho; ¿cómo, pues, bajo el imperio del egoísmo, fundar un sistema que requiere la abnegación a un grado tal, que tiene por principio esencial la solidaridad de todos para cada uno y de cada uno para todos? Algunos han abandonado el suelo natal para Ir a fundar a lo lejos, colonias bajo el régimen de la fraternidad; han querido huir del egoísmo que los aplastaba, pero el egoísmo les ha seguido, e incluso allí ha habido explotadores y explotados, porque la caridad ha faltado. Han creído que les bastaba llevarse la mayor cantidad de brazos posible, sin pensar en que se llevaban al mismo tiempo los gusanos roedores de su Institución, que se arruinó con tal rapidez porque no había en ellos ni fuerza moral ni fuerza material suficientes. Lo que les faltaba, era menos brazos y más corazones sólidos; desgraciadamente muchos sólo les han seguido porque, no habiendo sabido hacer nada en otra parte, han creído dispensarse de ciertas obligaciones personales; no han visto más que una meta seductora, sin ver el espinoso camino para alcanzarla. Decepcionados en sus esperanzas, reconociendo que antes de disfrutar hacía falta trabajar mucho, sacrificar mucho, sufrir mucho, han tenido como perspectiva el descorazonamiento y la desesperación; ya sabéis qué ha sido de la mayoría. Su equivocación ha sido el haber querido construir un edificio empezando por el tejado, antes de haber colocado fundamentos bien sólidos. Estudiad la historia y la causa de la caída de los s Estados más florecientes, y en todas partes veréis la mano del egoísmo, de la codicia, de la ambición. Sin la caridad, no hay Institución humana estable, y no hay caridad ni fraternidad posibles, en la verdadera acepción de la palabra, sin la creencia. Aplicaos, pues, a desarrollar estos sentimientos que, al ir en aumento, matarán el egoísmo que os destruye. Cuando la caridad habrá penetrado en las masas, cuando se haya convertido en la fe, en religión de la mayoría, entonces vuestras instituciones mejorarán por la misma fuerza de las circunstancias; los abusos nacidos del culto a la personalidad, desaparecerán. Enseñad, pues, la caridad, y sobre todo, predicad con el ejemplo: es el áncora de salvación de la sociedad. Solamente la caridad puede traer el reinado del bien, que es el reino de Dios, sobre la Tierra; sin ella, por mucho que hagáis, no crearéis más que utopías de las cuales no obtendréis sino decepciones. Si el Espiritismo es una verdad, si debe regenerar el mundo, es porque tiene por base la caridad. No viene a derribar ningún culto, ni establecer uno nuevo; proclama y prueba las verdades comunes a todos, bases de todas las religiones, sin preocuparse de los puntos de detalle. Solamente viene a destruir una cosa: el materialismo, que es la negación de toda religión; no viene a destruir sino un solo templo: el del egoísmo y el orgullo, y a dar un sentido práctico a estas palabras del Cristo que son toda la ley: Amad a vuestro prójimo como a vosotros mismos. No os asombréis, pues de que tenga por adversarios a los adoradores del becerro de oro, cuyos altares viene a destruir. Tiene, naturalmente, contra él a los que encuentran que su moral es incómoda; a los que hubieran pactado voluntariamente con los espíritus y sus manifestaciones, si los espíritus se hubieran avenido en divertirlos; si no hubieran venido a rebajar su orgullo a predicarles la abnegación, el desinterés y la humildad. Dejadles que digan y que hagan: las cosas no dejarán de seguir el curso que está en los designios de Dios. El Espiritismo, por su poderosa revelación, viene pues a acelerar la reforma social. Sus adversarios se reirán sin duda de esta pretensión, y sin embargo no tiene nada de presuntuosa. Hemos demostrado que la incredulidad, la simple duda en el porvenir, conduce al hombre a concentrarse en la vida presente, lo cual desde luego, desarrolla el sentimiento del egoísmo. El único remedio contra este mal es concentrar la atención sobre otro punto y desplazarla hacia otra meta, por así decirlo, con el objeto de hacerle perder sus hábitos. El Espiritismo probando de una manera patente la existencia del mundo invisible, conduce forzosamente a un orden muy distinto de ideas, pues amplía el horizonte moral limitado a la Tierra. La importancia de la vida corporal disminuye a medida que crece la de la vida espiritual; así, de manera natural, nos situamos en otro punto de vista, y lo que nos parecía una montaña se nos presenta ahora no mayor que un grano de arena; las ambiciones, las vanidades de este mundo se convierten en puerilidades, como Juguetes Infantiles frente al porvenir grandioso que nos espera. Al dar menos valor a las cosas terrenales, se busca menos el satisfacerlas en perjuicio de los demás; de ahí una disminución en el sentimiento del egoísmo. El Espiritismo no se limita a probar la existencia del mundo invisible: por los ejemplos que nos presenta, lo muestra en su realidad, y no tal como la Imaginación lo había hecho concebir; lo muestra poblado de seres felices o desgraciados, pero prueba que la caridad, la soberana ley del Cristo, es la sola ley que puede asegurar la felicidad. Por otro lado vemos la sociedad terrestre que se destroza bajo el imperio del egoísmo, mientras que, "por el contrario, viviría feliz y apacible bajo el imperio de la caridad. Todo es, pues beneficioso para el hombre con la caridad: felicidad en este mundo y felicidad en el otro. Esto no es, según la expresión de un materialista, un sacrificio de personas engañadas; es, según expresión del Cristo, una inversión a rendimiento centuplicado. Con el Espiritismo el hombre comprende que tiene todas las ventajas a su favor practicando el bien, y todas las de perder haciendo el mal; pues bien, entre la certeza, y no diré la posibilidad, de perder o de ganar, la elección no puede ser dudosa. De ahí que la propagación de la idea espiritista tiende, necesariamente, a convertir a los hombres en mejores los unos para con los otros. Y lo que hoy hace sobre los individuos, lo hará mañana sobre la sociedad cuando el Espiritismo sea difundido de manera general. Procuremos, pues, divulgarlo en interés de todos.



Tomado del libro de Allan Kardec, Viaje Espiritista en 1862, Edit. Edicomunicación S. A. España, 1989

19 octubre 2009

El Espiritismo en la Historia

Reseña por Enrique Gagliardo M.

Todos los grandes movimientos de la humanidad tienen sus antecedentes históricos y el Espiritismo no podía ser la excepción. «El Espiritismo no es un descubrimiento moderno, los hechos y principios sobre los cuales reposa se pierden en la noche de los tiempos, pues se encuentran vestigios de ellos en las creencias de todos los pueblos, en todas las religiones, en la mayoría de todos los escritos sagrados y profanos» según Kardec.La creencia de poder comunicarse con los espíritus de los muertos es algo que se ha admitido desde hace miles de años por todas las religiones. Los egipcios en el papiro número 3229, que se conserva en el museo del Louvre, pedían a los muertos sueños premonitorios.Las religiones espiritualistas y las creencias populares reservan un lugar importante a los espíritus de los muertos, a los que se venera y rinde culto. Los chamanes de los pueblos primitivos afirmaban tener el don de comunicarse con los muertos.De todas las grandes religiones de la antigüedad existen referencias sobre la práctica de la necromancia o adivinación mediante consulta a los muertos. Por ejemplo la Biblia nos cuenta cómo Saúl, rey de Israel, echó de sus tierras a los nigromantes y adivinos, dado que la Ley de Moisés prohibía la comunicación con los difuntos. A pesar de ello el propio Saúl, que estaba aterrado por el poder de los filisteos, acudió a una vidente, la maga de Endor, con el fin de poder consultar al profeta Samuel que acababa de morir. Se dirigió una noche a casa de la maga tras haberse cambiado las vestiduras para no ser reconocido. "Y Samuel, envuelto en un manto, se elevó en la tierra, y dijo a Saúl: ¿Por qué me perturbas evocándome? (Primer libro de Samuel 28,3-26). También en el primer libro de Samuel (28,6-20) se cuenta como el Rey Saúl, al ser amenazado por el ejército filisteo y dado el absoluto silencio del oráculo, consulta al espíritu de Samuel y este pone en conocimiento de Saúl que él y toda su familia morirían al día siguiente.En la Grecia antigua se tenía la creencia que los difuntos que habitaban el Hades podían entrar en contacto con los humanos mediante ciertos ritos mágicos como los practicados en el oráculo de Delfos. En el décimo canto de la Odisea de Homero, éste explica como Ulises consulta al adivino Tiresias.Sócrates y Platón promulgaban ciertos principios espirituales. Se sabe que Sócrates (470-399 a.C.) no escribió nada y que lo que sabemos de él se debe a los escritos de Platón.Platón (427-347 a.C.) fue discípulo y apologista de Sócrates, así como propagador de sus ideas.Muchas de las enseñanzas de Sócrates y Platón que Kardec menciona en El Evangelio Según el Espiritismo están contenidas en Fedón. Sin embargo, se encuentran una gran cantidad de principios, ideas y enseñanzas filosóficas, morales y sociales esparcidas en los otros Diálogos de Platón como en Fedro, Teeteto (Teetetes) y El Banquete.En Italia, Tertuliano nos habla de mesas giratorias en el Senado romano durante el siglo II.En la Edad Media se creyó que los espíritus regresaban en ciertas ocasiones al mundo de los vivos, por lo que estuvieron en boga los cuentos de fantasmas. Las cuevas de Salamanca y Toledo, fueron durante la Edad Media escuelas de Espiritismo.En 1688 nació en Estocolmo (Suecia) Emanuel Swedenborg que fue el fundador de la cristalografía y el primer hombre en expresar la hipótesis de que los planetas se formaron por condensación de nebulosas cósmicas. Físico, matemático, fisiólogo, astrónomo, doctorado en la Universidad de Upsala, era internacionalmente conocido por sus inventosEmmamuelle Swedenborg a los 48 años publicó un libro en el que daba a conocer a la humanidad su opinión de que el universo era un ser vivo y manifestaba que más allá del dominio de nuestros sentidos había un reino espiritual.A los 55 años afirmó poseer facultades para percibir a entidades espirituales con los que mantenía conversaciones, como por ejemplo: Jesucristo (quien le había encomendado una misión sagrada), Martín Lutero, San Pablo y otros personajes importantes del pasado.Dio a conocer profecías que se cumplieron puntualmente poco tiempo después de su predicción y que desconcertaron a aquellos que lo consideraban un loco. Entre otras cosas profetizó que él moriría el 29 de Marzo de 1772 a las cinco de la tarde, y así ocurrió.Otro importante individuo en materia de mediumnidad lo fue Andrew Jackson Davis. Nació en 1826, en Nueva York. Era un joven sin cultura nacido en un medio pobre. En los últimos años de su infancia, comenzaron a manifestarse las capacidades psíquicas de Davis.Tenía una extraordinaria clarividencia que al principio era usada como diversión pero luego, su magnetizador la utilizó para hacer diagnósticos de enfermedades. A los 19 años de edad, Davis "escribe" un libro dictándoselo a un secretario que escribía fielmente las palabras que él pronunciaba, expresándose como si fuera muy ilustrado en conocimiento y sabiduría, lo que era sorprendente, pues se trataba de un joven ignorante y sin cultura. Ese fue el comienzo del trabajo mediúmnico de este joven, con la producción de otros libros que fueron reunidos con el nombre de Filosofía Armónica. En esa fase, decía estar bajo la influencia de una entidad que posteriormente se identificó como Swedenborg. Su capacidad para profetizar eventos futuros se percibe en su libro Los Principios de la Naturaleza editado en el año 1847.A partir del siglo XVIII, cuando empieza a crecer el pensamiento científico, baja en occidente el gran nivel de creencia en una vida después de la muerte y consecuentemente la práctica de predecir el futuro mediante la comunicación con los espíritus a través de los médium, además de la influencia de la Iglesia Occidental que lo prohíbe puesto que en la Biblia se habla de ello. En el Deuteronomio 18, 10-12, podemos leer: "No haya en medio de ti quien interrogue a los muertos. Pues todo ello es abominable a los ojos del señor, tu Dios, echa lejos de ti a estas naciones"La Iglesia condena esta práctica como lo hicieron los griegos y los judíos. Para la Iglesia, cuando algún espíritu responde, necesariamente tiene que ser un demonio.Casi veinte años antes del caso Fox, concretamente en 1829, apareció en Alemania una obra que se publicó en dos tomos: La vidente de Prevost e Iniciación a la Vida Interior del Hombre y la Irrupción en Nuestro Mundo de un Mundo de Espíritus. Su autor era el poeta y médico Justinus Kerner (1786-1862). El libro contaba la historia de una joven paciente suya llamada Friederike Hauffe, que enferma de muerte (un tumor en el cerebro que le había llegado a deformar el cráneo) acudió a él en 1825 buscando ayuda. Kerner la hipnotizó y desde ese momento su paciente comenzó a producir toda serie de fenómenos mentales que el médico no pudo asimilar. Sólo cuando la joven murió en 1828 Kerner publicó sus estudios.Lo sucedido a Margaretta Fox y a sus hermanas fue el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad. Una prueba concluyente de que podemos comunicarnos con los espíritus de los muertos significaría que la muerte no es el fin de la vida, sino el traslado de la existencia a otro plano superior. Esto parecía quedar demostrado por lo que ocurrió en un pequeño chalet de madera en el pueblo de Hydesville, en el estado de Nueva York, el 31 de marzo de 1848. Jamás a lo largo de la historia del Espiritismo, que ya practicaban los griegos y los romanos, se había conseguido obtener una información que viniese del más allá tan real como la del espíritu de Charles B. Rosma, quien contestaba con nombres y apellido y que respondía con asombrosa puntualidad y de forma "telegráfica". Al parecer Charles B. Rosma contó a las hermanas Fox a través de sus comunicaciones, que había sido un buhonero asesinado brutalmente con un fuerte golpe en la nuca y que posteriormente lo enterraron en cemento para ocultar su cadáver. Años después unas obras de acondicionamiento en la casa, dejaron al descubierto el cadáver de un hombre emparedado y acurrucado, en posición fetal, encontrando a su lado una caja de estaño llena de baratijas, por lo que se especuló con que este cadáver pudo pertenecer a un buhonero que había desaparecido muchos años antes; pero lo más desconcertante fue el descubrir que este buhonero desaparecido se llamaba Charles Brian Rosma. Este suceso marcó el comienzo del movimiento espiritista moderno, y no del Espiritismo, pues el Espiritismo, como ciencia, comienza con Kardec, porque fue èl quien codificó las enseñanzas de lo que se creía eran almas de los difuntos. Nunca antes nadie lo había hecho. Fue Allan Kardec, quien creó esta palabra, que etimológicamente significa: "Sistema para el estudio del espíritu" (Espirit: Espíritu, Ismo: Sistema). Kardec rechaza la existencia del infierno, el purgatorio y la gloria de la concepción cristiana y define el Espiritismo como una ciencia de observación y una doctrina filosófica.El Espiritismo aparece codificado, por primera vez, en El libro de los Espíritus, cuya publicación, el 18 de Abril de 1857, se debe considerar como la fecha de su verdadero comienzo.En el año 1.858 salió a la luz el primer número de la revista que el confeccionaba conocida como Revue Spirita, en la que daba a conocer todos sus trabajos sobre este particular. Ese mismo año en el mes de abril fundó la Sociedad Parisina de Estudios Espiritistas, cuyos fines principales eran contribuir a la investigación y divulgación de los fenómenos espiritas.Europa y Estados Unidos gradualmente abrazaron el Espiritismo. Se fundaron miles de sociedades espiritistas en ambos continentes, y los principios espiritistas fueron tan diseminados que, como España, el Espiritismo fue considerado a integrar los programas regulares de colegios de segunda enseñanza y de las facultades de Filosofía y Letras y de Ciencias. Pero, los regímenes totalitarios en muchas naciones europeas, aplicaron una represión fuerte sobre muchos movimientos filosóficos, sociales y políticos, entre ellos, el espiritista. Las Guerras Mundiales, en la primera mitad del siglo 20 fueron el golpe final para el movimiento espiritista en la mayor parte de Europa.Se dice que el Espiritismo llegó a las colonias españolas y portuguesas a finales del S. XIX, conociéndose que llegó al Brasil en 1865.El Espiritismo actualmente, es considerado superstición por la ciencia, aunque realmente constituye una doctrina y filosofía de vida que millones de personas en el mundo la practican. Actualmente el Brasil es el país que posee el mayor número de espiritas de todo el mundo. Actualmente se cuentan 2.3 millones de espíritas, según el Censo realizado en el año 2000 por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), siendo los espíritas el tercer mayor grupo religioso del país y el segmento social que tiene mayor renta y nivel de escolaridad. Los espiritas practican el bien y la caridad. Ellos regentan en todos los estados del Brasil: hospitales, asilos, orfanatos, escuelas para personas carentes y otras instituciones asistenciales y de servicio. La Federación Espirita Brasileña asocia aproximadamente diez mil Instituciones Espiritas diseminadas en todas las regiones del País. En el resto de Latinoamérica la presencia de espiritas varía de un país a otro.La mayoría de los movimientos espiritas se consideran cristianos, aunque la Iglesia Católica ha rechazado el Espiritismo, catalogándolo como una práctica contraria a los preceptos divinos que ella dice representar, a pesar que los cristianos piden favores a sus espíritus familiares y a los santos mediante la oración. Esta práctica es admitida de siempre por la Iglesia Católica, pero no como una aceptación de la vida espiritual, porque las ideas espiritas constituyen un gran estorbo para el control social que poseen los sacerdotes sobre la población.El doctor Laponi, médico de cámara del Papa León XIII, afirmó que todos los fenómenos espiritistas eran realizados por el diablo, basándose en experiencias de tipo espiritista que acontecían en el Vaticano. En 1924 comenzó a manifestarse el espíritu del Papa Pío X y en este caso se llegó a la conclusión que no era obra del diablo, sino de un milagro y que sirvieron de base para su posterior canonización.Los principios del Espiritismo actual se han hecho más religiosos en virtud de las enseñanzas predominantemente morales obtenidas en la comunicación con espíritus más evolucionados.El identificar al Espiritismo como una creencia religiosa provoca una gran controversia dentro del mismo movimiento espírita; mientras unos lo consideran religión, otros lo consideran una ciencia y otros reclaman que se lo reconozca como una filosofía social, debido a que el pensamiento social del Espiritismo al ser difundido a toda la humanidad haría que ésta pudiera gozar de libertad, igualdad y fraternidad, aquí y ahora, en este mundo terrenal. El Espiritismo es una ciencia que estudia el comportamiento espiritual de los seres humanos, y por ende abarca todas las ciencias materialistas y espiritualistas, y entre ellas la moral.