07 noviembre 2010

El Cuerpo Bioplasmático


Cuando hablé por primera vez del cuerpo bioplasmático por televisión, una señora extranjera llamó por teléfono al estudio del Canal 13 de San Pablo para hacerme una advertencia. Conceptuaba que el descubrimiento de ese otro cuerpo del hombre, de los animales y de las plantas, realizado por los físicos y biólogos soviéticos, no era más que una nueva treta de los materialistas rusos, en su lucha contra la religión, que tenía objetivos netamente políticos. Decía también que había conocido de cerca las mañas de los soviéticos y sufrido en su propia piel su crueldad, agregando que no quería verme engañado por ellos y sirviendo como un inocente útil a la propagación de sus mentiras en el Brasil. Le respondí, intentando explicar que se trataba de un problema científico y no político, el cual, por lo demás, nos llegaba a través de informaciones universitarias procedentes de los Estados Unidos. Procuré demostrarle que una maniobra de esa naturaleza sería hoy imposible frente a la dinámica actual de la comunicación y de la posibilidad de comprobaciones o desmentidos de los medios universitarios de todo el mundo. Nada de eso convenció a la señora, que insistió de una manera angustiosa en su advertencia. Después de ella, varios teleespectadores más, en su mayoría extranjeros, me telefonearon y entrevistaron personalmente para hacerme sugerencias similares. Eso equivale a una prueba de la falencia cultural de nuestro tiempo. No obstante todo nuestro avance científico y tecnológico, la plaga de la mentira en la religión, en la política, en la administración pública y en todos los sectores de las actividades humanas lleva a las personas a dudar de todo, a ver por todas partes el peligro de maniobras con intenciones ocultas.

En el programa de televisión que dio origen a este libro, en el mismo Canal 13, su conductora Xenia insistió en la necesidad de ser sinceros en la consideración de los temas fijados. Llegó incluso a declarar que alguien de quienes estábamos allí debía tener el coraje de decir la verdad sobre el motivo de la crisis religiosa de nuestros días. Según pensaba, esa crisis derivaba de la mentira, sencillamente, como explicó en un programa posterior. En realidad la mentira es uno de los motivos de la crisis, pero no la causa fundamental. Si yo pensase de igual manera no tendría razón alguna para no decirlo. Sucede que las mentiras predicadas por las religiones no siempre son mentiras, sino engaños que devienen de la falta de comprensión de los problemas esenciales del hombre. Sería llevar muy lejos la desconfianza en la naturaleza humana si pensáramos que personas creyentes en Dios organizasen las religiones con la finalidad de mistificar al pueblo. Esa es también una prueba del clima de desconfianza de nuestra época. Encontramos en las religiones muchas personas cultas inteligentes y honestas que creen píamente en las cosas más absurdas para aceptar la infalibilidad de los dogmas y las interpretaciones de las escrituras.

El problema del descubrimiento del cuerpo bioplasmático está ubicado de tal manera dentro del cuadro de los logros actuales de la ciencia, representando incluso una consecuencia lógica de ese progreso que, por tanto no debería suscitar dudas en nadie medianamente informado. El descubrimiento de la antimateria las investigaciones parapsicológicas, el desarrollo de la medicina psicosomática, las incursiones cósmicas de la astronáutica y otras prodigiosas conquistas de nuestro tiempo conducían naturalmente al hombre al conocimiento de su propia naturaleza. Como imaginarnos un mundo en que la ciencia hubiese probado la indestructibilidad de todas las cosas, pero continuase aceptando el dogma materialista de la destrucción total y absoluta del hombre por medio de la muerte. Como imaginarnos la cultura abierta de ese mundo aceptando el pesimismo doliente de Sartre, que predica la nadificación del hombre su frustración total en la muerte y considera a la doctrina de la evolución del pensamiento de Heidegger, como una caída en el misticismo vulgar. La perspectiva del pensamiento sartreano, tan rico en intuiciones filosóficas y tan decepcionante en su conclusión ontológica, ese panorama desorientador de la cultura contemporánea sería la expresión evidente de lo absurdo que ocurre en el ámbito mundial.

El equívoco marxista del materialismo fue ultrapasado por el desarrollo científico y filosófico de nuestro tiempo. No hay más lugar, en la cultura actual, para los dogmas religiosos y los dogmas materialistas. Entre los científicos soviéticos es evidente la existencia de muchos disidentes del oficialismo tipo siglo XIX. El interés actual de la URSS por las investigaciones parapsicológicas es un indicio claro, indicio que es confirmado por la reacción violenta que contra él ejerce la China roja. Todos sabemos que el profesor Raikov y otros investigadores soviéticos se hallan abocados, en la Universidad de Moscú y otras más de la URSS, a estudios científicos de la reencarnación, aunque disfrazándola como una anomalía mental que tiene que ser esclarecida en el campo de la psiquiatría. La verdad se manifiesta en todas partes y, si no es hoy, mañana se ha de mostrar evidente.

La cámara Kirlian, de fotografías sobre campos imantados de alta frecuencia eléctrica, fue descubierta accidentalmente por los esposos Kirlian, y los científicos soviéticos más escrupulosos percibieron luego su alcance. Adaptándola a poderosos microscopios electrónicos consiguieron descubrir, en el interior de los cuerpos vivos de vegetales, animales y hombres, una estructura de plasma físico, constituida de partículas atómicas, que se presentaba como un cuerpo básico sustentador de la vida y de las actividades vitales y psíquicas del cuerpo material. La importancia de ese descubrimiento es de tal trascendencia que no podía ser abandonado, pues representa una verdadera revolución copernicana en las áreas de la Física, la Biología y la Antropología, para sólo mencionar a esas tres ramas fundamentales. Pero es bueno recordar de paso lo que él representará en la Psicología, la Medicina, la Psiquiatría y la Psicoterapéutica en general. Es suficiente decir que los soviéticos han llegado a descubrir que el cuerpo bioplasmático ofrece elementos para la verificación del estado general de la salud del cuerpo físico, permitiendo la previsión de dolencias y anomalías en los seres vivos de cualquier naturaleza. Por otro lado, las investigaciones realizadas en los Estados Unidos han confirmado el descubrimiento soviético.

Desde el siglo pasado, varios hombres de ciencia se empeñaron en descubrir medios para probar la existencia en el hombre del llamado cuerpo espiritual, o doble etérico. En 1943 Raoul Montandon publicó en Suiza un curioso libro titulado De la Bête a l'Homme (Del Animal al Hombre), relatando estudios psicológicos que muestran semejanzas significativas entre el reino animal y el hominal, así como experimentaciones científicas que prueban la existencia en los animales de un cuerpo energético. Esas investigaciones son relatadas en el capitulo intitulado “Supervivencia animal”. Ilustran ese libro varias fotografías obtenidas con filmes sensibles a la luz infrarroja, las que muestran grupos de insectos muertos y eterizados. Junto a los animales muertos se muestra una sombra semejante al cuerpo muerto, mientras que al lado de los que no estaban muertos, sino en estado letárgico, no se observa ninguna sombra. En el capítulo referente a las fotografías psíquicas, obtenidas ocasionalmente o en sesiones medí anímicas experimentales, los anales espíritas ofrecen un impresionante volumen de casos significativos que reúnen todos los recaudos que garantizan la autenticidad del fenómeno.

En el caso actual de las investigaciones soviéticas, con aparatos técnicos de precisión, la demostración de la existencia de ese cuerpo extrafísico -para usar la expresión parapsicológica actual- fue decisiva. Los soviéticos, operando en comisión oficial en la Universidad de Alma-Ata, Kazakhstan, hicieron experiencias con moribundos y lograron verificar el retiro total del cuerpo bioplasmático de los muertos, cuyos cuerpos materiales sólo entonces entraban en estado cadavérico. No habiendo sido posible fotografiar ese cuerpo después de su desprendimiento del cadáver, emplearon la técnica de la investigación por medio de detectores de pulsaciones biológicas y verificaron, sorprendidos, que las pulsaciones captadas indicaban la presencia del cuerpo bioplasmático en el ambiente.

Son suficientes esos datos sumarios a los fines del objetivo de este libro. Informes más completos y minuciosos fueron divulgados entre nosotros con la traducción y edición del libro de Sheila Ostrander y Lynn Schroeder*, investigadoras norteamericanas que entrevistaron a los científicos soviéticos en la URSS, y cuyo trabajo fue editado por la Universidad de Prentice Hall, EE.UU., y posteriormente por la editora Bantam Books, de Nueva York. El descubrimiento del cuerpo bioplasmático constituye una confirmación científica, proveniente del campo materialista, de la teoría del periespíritu. Según el Espiritismo, el periespíritu es el cuerpo espiritual del que trató el apóstol Pablo en la Primera Epístola a los Corintios. Su función es servir al Espíritu como instrumento para su manifestación en los planos materiales. Es a través de él que el Espíritu se liga a la materia en el proceso de la encarnación. Durante la vida terrena él es el agente de las funciones orgánicas. Mantiene la vida del cuerpo y sirve de campo padronizador durante el desarrollo de éste, a partir de la fecundación, rigiendo la formación del embrión. En la muerte, el periespíritu se desliga progresivamente del cuerpo material, que sólo es realmente cadáver cuando se produce su desligamiento total. En la mayoría de las personas el periespíritu, después de la muerte, permanece cercano al cadáver por un tiempo más o menos largo, en razón de la atracción que los despojos ejercen todavía sobre el Espíritu. Ese cuerpo es considerado por la Doctrina Espirita como semi material, pues está constituido por energías materiales y espirituales ínter penetradas. Es el cuerpo de la resurrección, conforme ya lo afirmaba el apóstol Pablo.1

Todas esas características del periespíritu son confirmadas por las observaciones de los científicos soviéticos, que consideran a ese cuerpo como material e integrado por un plasma físico formado de partículas atómicas. Mas un hecho intrigante se presenta en las experimentaciones soviéticas: ese cuerpo sólo puede ser visto y fotografiado mientras está ligado al cuerpo material. Una vez desprendido de él, no se encuentra más al alcance de la cámara Kirlian. Solamente los detectores de pulsaciones biológicas logran constatar su presencia en el ambiente. La cámara Kirlian, como ya vimos, sólo puede actuar sobre campos materiales imantados por corrientes eléctricas de alta frecuencia. Desligado del cuerpo material, el cuerpo bioplasmático, o periespíritu no ofrece condiciones para eso. Nos parece evidente el motivo por el cual él, entonces, se torna inaccesible. No está más revestido de un cuerpo material, aunque contenga en su propia estructura energías materiales. El mismo nombre científico dado a ese cuerpo -bioplasmático- indica su función vital y su naturaleza plasmática. Ese problema, sin embargo, no es físico solamente. En la proporción en que el Espíritu, liberado de la materia, se va integrando al mundo espiritual, su periespíritu se libera de los elementos materiales.

El descubrimiento de ese cuerpo por los materialistas constituye la mayor victoria del Espiritismo y, al mismo tiempo, la conquista más importante de nuestra era científica, pues con ella la ciencia terrena ha dado el primer paso para su futura fusión con la ciencia espiritual. Esta es la más significativa señal de que estamos entrando en la era del Espíritu. Oliver Lodge se refirió al túnel mediúmnico, como una vía de ligación del mundo material con el mundo espiritual, acentuando que ese túnel viene siendo cavado de ambos lados: Por los hombres y por los Espíritus. Cuando los trabajadores de aquí y del Más Allá se encuentren, el túnel quedará abierto y la comunicación entre los dos planos se hará tan fácil como las comunicaciones entre las distintas regiones de la Tierra. Hasta ahora solamente los espíritas trabajan del lado de acá. De aquí en adelante los científicos también han de brindar su cuota de servicio.

El descubrimiento del cuerpo bioplasmático y los estudios sobre sus funciones y su estructura vienen también a contribuir para que los engaños de las religiones cristianas sean corregidos. Poco a poco la verdad se impone y la mentira va siendo derrotada. La religión, que constituye, al igual que la ciencia y la filosofía una de las grandes vías del conocimiento, está dispuesta a retomar su lugar dentro del ámbito cultural. Más para eso las religiones sectarias deberán seguir aquella advertencia de Jesús: Perder su vida individual para fundirse en la vida colectiva, en un proceso libre, de religiosidad universal, que nos dará la religión en espíritu y verdad. Fue esa la profecía que dio Jesús a la mujer samaritana.

No hay ninguna otra salida para la crisis religiosa de nuestro tiempo. Las teologías artificiales, como la de la Muerte de Dios, son ensayos de vuelo a ciegas en un cielo vacío y nublado por la duda. La realidad es una sola. La confirmación positiva de la existencia del Espíritu por medio de la ciencia, en un desarrollo acelerado, pondrá un punto final a las especulaciones religiosas. Y no hay ninguna otra alternativa en la Tierra para la ejecución de esa reintegración de la religión en el campo cultural, a no ser la obra de Kardec. Los hombres del futuro se han de quedar admirados al ver que tuvimos en nuestras manos todos los medios para hacer esa integración en nuestro tiempo y no logramos hacerla. Tal vez se pregunten que nos habrá faltado para ella, y alguien les responda: Humildad.

Por J. Herculano Pires
1 * El autor se refiere al libro conocido y publicado en la Argentina con el título La Parapsicología en los países socialistas, A. Peña Lillo Editor S.R.L., Buenos Aires 1.975. [Nota del traductor]

07 julio 2010

La existencia del alma


Evolución morfológica y moral
La evolución morfológica prosiguió equilibrándose con la evolución moral.

El cráneo se modificó con lentitud rumbo a un perfeccionamiento mayor, los brazos se refinaron, las manos adquirieron una excelencia táctil no soñada y los sentidos, todos ellos, progresaron en acrisolamiento y percepción.

Además, con el advenimiento de la responsabilidad que lo separó de la orientación directa de los Benefactores de la Vida Mayor, el hombre se entregó a múltiples intentos de progreso en el campo del espíritu.

En su ámbito interior de libre indagación, confería alas audaces al pensamiento y, con eso, más se le acentuaba el poder de imaginar, facilitándosele la mentalización y el desprendimiento del cuerpo espiritual, cuyas células, en conexión con las células del cuerpo físico, se automatizaban de tal manera, mediante la emancipación parcial a través del sueño, que facilitaba el acceso del alma a las enseñanzas de orden superior.

Conserva el ser humano consigo, entonces, en la estructura de sus propios órganos, la herencia de los millones de estadios diferentes en los reinos inferiores y, en el fondo, se siente inclinado a vivir en el plano de los demás mamíferos, compartiendo la convivencia y el instinto absoluto dominando sin restricciones; sin embargo, con la evolución irreversible, el amor se agigantó en su Ser, insinuándole nuevas actitudes frente a su propia existencia.

Noción del Derecho
En razón del apego a los descendientes de su propia carne, instituye la propiedad del sector del suelo en que se enclava su propia morada y, atendiendo a esa misma raíz de afectividad, traza por sí mismo determinadas reglas de conducta, a efecto de no imponer a sus semejantes ofensas y perjuicios que no desee tampoco recibir.

Sucede, de tal manera, lo inesperado.

El hombre selvático que no pretende abandonar los apetitos y placeres de la experiencia animal, concibe para sí mismo los frenos que controlarán su libertad y, con ello, que se ennoblezca su carácter inicial.

Estableciendo la posesión tiránica de todo lo que juzga suyo, desiste de aprovechar lo que pertenece a su vecino, bajo la pena de exponerse a penalidades crueles.

Nace, de tal manera, para él, la noción del Derecho sobre la base de las obligaciones respetadas.

Despertar de la conciencia
Es así como él, transformado, interpreta, desde un nuevo punto de vista, la importancia de su presencia en la Tierra.

Ya dejaron de seducirle la despreocupación y el nomadismo, de la misma manera que para el hombre adulto está superado el ciclo de la infancia.

Sabe ahora que la cuna carnal está revestida de una significación más profunda. Comprende, poco a poco, que la vida registra sus cuentas personales, puesto que aprende que puede negar el brazo al compañero necesitado de apoyo, mas sabe, además, que el compañero podrá negarle el suyo en el momento en que el desequilibrio y la necesidad golpeen a su puerta.

Reconoce que dispone de libertad para matar por desafecto, pero no ignora que el desafecto, a su vez, puede igualmente exterminar su cuerpo o amargarle la existencia.

Percibe que sus gestos y actitudes para con los demás, crean en sus semejantes actitudes y gestos idénticos para con él.

Con ese nuevo patrimonio de observación, la vida mental se le revela más sorprendente y rica, y por esa intensa vida íntima, refleja con una más relativa seguridad las ideas de los Espíritus Abnegados que lo custodian en su marcha.

Desde entonces, no conceptúa a la existencia limitada dentro de los extremos cuna y tumba, sino inmensa, infinita, desde el punto de vista de causa y efecto, pues ella va más allá del sepulcro que guarda la envoltura, hoy inútil, que fue su Instrumento de progreso.

Incorporando la responsabilidad, la conciencia vibra despierta y, por ello, los principios de acción y reacción funcionan exactos, dentro de su propio Ser, asegurándole la libertad de elección e imponiéndole, automáticamente, los resultados respectivos, tanto en la esfera física como en el Mundo Espiritual.

La larva y la criatura
En tal sentido, importa recordar aquí, con las diferencias justas, el símil que la vida ofrece entre las alteraciones de la existencia para el alma humana y para los insectos de metamorfosis integral.

La larva que se separa del huevo ingresa en un nuevo período de desarrollo que puede perdurar por mucho tiempo, como ocurre entre los efemérides, que muestran, al comienzo, la membrana del cuerpo aún debilitada, pero conservando en el tubo digestivo los remanentes de la yema de la fase embrionaria para iniciar, después de la excreción, los procesos de alimentación y digestión.

La criatura recién nacida, al retirarse del útero entra en una nueva fase de evolución que se afirma a través de algunos años. Al principio, tierna y frágil, retiene en su propia organización los recursos sanguíneos que le fueron donados, por manutención endosmótica, en el organismo materno, para después eliminar, cuando le fuere posible, esos mismos recursos, generando los que le son propios.

Avanzando en la ejecución de los programas trazados para su existencia, la larva crece y recurre a las materias nutritivas que le aseguren el aumento del cuerpo y, conforme a la especie, promueve por sí misma la mudanza de la piel indispensable al condicionamiento de su propio volumen.

Satisfaciendo a los imperativos de la propia vida, la criatura se desarrolla tomando el alimento preciso al crecimiento de su máquina orgánica, pasando a realizar por sí, esto es, conforme al comando de su mente, la renovación celular de los tejidos y órganos que constituyen su campo somático, de manera que se ajuste la forma física al molde de su cuerpo espiritual.

Metamorfosis del insecto
La larva de los insectos de transformación completa experimenta varios períodos de renovación para alcanzar la condición de adulta, aunque permanezca con el mismo aspecto, por cuanto sólo después de la última mudanza de la piel es que se transforma en ninfa o crisálida.

En semejante estado, acusa una progresiva disminución de actividad, hasta no soportar más el alimento.

Se evacúan sus intestinos y se paralizan sus movimientos.

La larva se protege, entonces, en el suelo o en la planta, preparando su propia liberación.

Permanece así, inmóvil, y no se alimenta desde el punto de vista fisiológico, en estado de crisálida, conforme a la especie, en hilos de seda por ella misma constituidos con la secreción de las glándulas salivares, agregados a pequeñitos trozos de tierra o tejidos vegetales y formando, con ellos, el capullo en que reposa, durante cierto tiempo, días y hasta meses.

En el estado de ninfa y al impacto de las vibraciones de su propia organización psicosomática, sufre una esencial modificación en su organismo, modificación que, en el fondo, equivale a un verdadero aniquilamiento o histólisis, al mismo tiempo que elabora órganos nuevos mediante el fenómeno de la histogénesis, valiéndose de los tejidos que perdurarán.

La histólisis, que se efectúa por acción de los fermentos, se verifica principalmente en los músculos, en el aparato digestivo y en los tubos de Malpighi, con una acción menor en los sistemas nervioso y circulatorio.

Por la histogénesis, los remanentes de los músculos estriados cambian las características que le son propias perdiendo, gradualmente, su estriación, hasta que se convierten, cual si obedeciesen a un proceso involutivo, en células embrionarias fusiformes con un núcleo exclusivo, o mioblasto, que se divide por segmentación, plasmando nuevos elementos estriados para la configuración de sus órganos típicos.

Solamente entonces, cuando el proceso de la metamorfosis se lleva a cabo, el insecto, íntegramente renovado, abandona el capullo, revelándose

una mariposa leve y ágil, con su sistema bucal transformado, como sucede con la mariposa de tipo succionador, en la cual los maxilares se alargan, convirtiéndose en una trompa, mientras que el labio superior y las mandíbulas se atrofian.

Con todo, aunque magnificentemente transformada, la mariposa alada y multicolor es la misma individualidad, ya que reúne en sí las experiencias de los tres períodos fundamentales de su existencia como larva, ninfa e insecto adulto.

Histogénesis espiritual
El ser humano, que después del período infantil atraviesa expresivas etapas de renovación interior hasta alcanzar la madurez corpórea, no obstante presentar la misma forma exterior, sólo después del agotamiento de la fuerza vital en el curso de la vida, a través de la senectud o de la caquexia, por acción de la enfermedad, padece una transformación más profunda.

En ese período característico de la caducidad celular o de la enfermedad irreversible, demuestra gradualmente una disminución de la actividad, no aceptando más la alimentación.

Poco a poco declinan sus actividades fisiológicas y la inercia sustituye a los movimientos.

Se protege, desde entonces, con el reposo horizontal decúbito, casi siempre en el lecho, preparando el proceso liberador.

Llega así el momento en que se inmoviliza con la cadaverización, modificándose similarmente a la crisálida, pero envolviéndose en lo recóndito del Ser con los hilos de sus propios pensamientos, en ese capullo de fuerzas mentales tejido con sus propias ideas reflejas dominantes o secreciones de su propia mente, durante un período que puede variar entre minutos, horas, días, meses o decenios.

En el ciclo de cadaverización de la forma somática, bajo el gobierno dinámico de su cuerpo espiritual, padece extremas alteraciones que, en esencia, corresponden a la histólisis de las células físicas, al mismo tiempo que elabora órganos nuevos a través del fenómeno que podemos denominar -por falta de un término equivalente- histogénesis espiritual, aprovechando los elementos vivos desagregados del tejido citoplasmático que se mantenían, hasta entonces, ligados a la colmena fisiológica entregada al desequilibrio o la descomposición.

La histólisis, o proceso destructivo en la desencarnación, resulta de la acción de los catalizadores químicos y de otros recursos del mundo orgánico que, alentados por procesos degenerativos, realizan la mortificación de los tejidos y, desde el punto de vista del cuerpo espiritual, afectan principalmente la morfología de los músculos y los órganos de la nutrición, con escasa influencia sobre los sistemas nervioso y circulatorio.

Mediante la histogénesis espiritual los tejidos citoplasmáticos pierden definitivamente algunas de las características que les son propias, volviendo temporariamente, cual respondiesen al proceso involutivo, a la condición de células embrionarias multiformes que se dividen, a través de la cariocinesis plasmando, en nuevas condiciones, la forma del cuerpo espiritual conforme al tipo impuesto por la mente.

Desencarnación del Espíritu
Entonces ahí, cuando el proceso de la muerte se cumple, el ser humano desencarnado, plenamente renovado en sí mismo, abandona el vehículo carnal al que estaba sometido; sin embargo, muchas veces se siente íntimamente aprisionado al capullo de sus pensamientos dominantes, cuando no trabajó por su renovación, por los desvíos del Espíritu, revelándose ahora con su nuevo peso específico conforme a la densidad de su vida mental normal y disponiendo de nuevos elementos con que atender a su propia alimentación, equivalentes a las trompas fluidomagnéticas de succión, aunque sin perder de modo alguno el aparato bucal que nos es característico, destacándose, además, que tales trompas o antenas de materia sutil están patentes en los seres encarnados, expresándoseles en su aura común como radículas alargadas de esencia dinámica que exteriorizan sus radiaciones específicas; trompas o antenas ésas por las cuales asimilamos o repelemos las emanaciones de las cosas y de los seres que nos rodean, tanto como las irradiaciones de nosotros mismos, unos con los otros.

Continuación de la existencia
Metamorfoseada, pues, no obstante el fenómeno de desencarnación, la personalidad humana continúa, más allá de la tumba, el ciclo educativo que inició en la cuna, sin perder su propia identidad y asimilando en ella las experiencias de la vida carnal, de la desencarnación y de la metamorfosis en el plano extrafísico.

Percibiremos, de tal modo, que la existencia de la criatura humana, en la reencarnación, se hace sustancial no sólo en la Tierra, donde atiende el cultivo de los sentimientos, palabras, actitudes y acciones peculiares que la caracterizan, sino también en el Mundo Espiritual, donde incorpora en ella la cosecha de la siembra practicada en el campo físico, a través del desdoblamiento del aprendizaje con que atesora las experiencias necesarias para la sublime ascensión a que está destinada.
Uberaba, 05-03-1958.

FRANCISCO CÁNDIDO XAVIER
EVOLUCIÓN EN DOS MUNDOS, obra mediúmnica dictada por el espíritu ANDRÉ LUIZ

04 julio 2010

Espiritismo y ecología


Recientemente fue lanzado un libro del Periodista y ambientalista André Trigueiro de la red Globo News, por la Federación Espírita Brasileña, que ya es éxito editorial en Brasil por tratar de este tema que es muy actual y engloba toda la vida en la Tierra y la supervivencia del planeta.

André demuestra en la obra las afinidades que existen entre Ecología y Espiritismo que son ciencias sistémicas que buscan investigar, cada cuál, con su herramienta de observación las relaciones que prestan sentido a la vida. Esa visión de realidad se revela de forma tan explícita que aparecen en ciertas obras espíritas y puede muy bien ayudar a los científicos.

No es novedad en la visión de muchos científicos que vivimos la mayor crisis ambiental de la Historia de la Humanidad con la destrucción de los bosques. La polución de los ríos y océanos. La basura y la polución del aire de las grandes ciudades colocando el dióxido de carbono en la atmósfera de la Tierra. ¿Cómo podría el Espiritismo enfrentar este asunto tan importante y urgente con la debida claridad y objetividad en una sociedad materialista vuelta para un capitalismo destructor de los recursos naturales?

La ciencia espírita explica que nuestro planeta en estos momentos es de "pruebas y expiaciones", planeta de rescates y dolores y que va a entrar en un nuevo ciclo de "regeneración", lo que significa decir que en este periodo el hombre respetará la vida en todos los sentidos sea en el mar, en el aire, en los bosques y  en la vida humana diciendo un no a la práctica del aborto. Tenemos, aún, la polución mental del hombre materialista que emite vibraciones de odio, desamor, venganza, que impregnan la psicosfera de la Tierra y contribuyen para el objetivo de los crímenes horrendos que nos hacen sufrir.

Chico Xavier cuando estaba encarnado y entrevistado en varias emisoras de televisión siempre afirmaba que la destrucción de los recursos naturales es el mayor crimen que el hombre puede hacer con nuestra casa planetaria, afirmando, siempre, que no saldremos de la Tierra hasta que sea rescatada la deuda con la naturaleza.

De esta manera debemos tener en mente que el planeta también está dentro de nosotros sea encarnados o desencarnados. Las colonias espirituales son ciudades donde viven millones de espíritus que van a volver a la Tierra y ellos están esperando la oportunidad de volver al cuerpo carnal - lo que llamamos reencarnación - para una nueva etapa de progreso espiritual, pero, para tanto, necesitarán del clima saludable, medio ambiente sustentable y condiciones favorables de supervivencia.

Finalmente debemos tener un profundo amor por la Tierra conservando y mejorando todo lo que existe y el amor a nuestro semejante que se encuentra en nuestro camino evolutivo para el alcance de la felicidad.

Piense en esto!

João Cabral - Presidente da ADE-SERGIPE. Jornalista. Radialista. Conferencista.

16 junio 2010

Cuerpo

         Al margen de las digresiones científicas - puesto que los usuales libros técnicos sobre educación son suficientemente esclarecedores, en lo concerniente al aspecto exterior del cuerpo humano -, recordaremos que el Espíritu, inquilino de la casa física, es quien preside su formación y su sustentación, en forma consciente o inconsciente, desde la primera hora de la organización fetal, si bien a menudo lo hace con la asistencia protectora de Mensajeros de la Providencia Divina.

Como trae consigo la suma de los reflejos buenos y no tan buenos, en concordancia con la cosecha de méritos y perjuicios que sembró para sí mismo en el suelo del tiempo, el Espíritu incorpora a los moldes reducidos de su ser las células del equipaje humano, y las asocia a su propia vida a partir de la vesícula germinativa.

Amparado en el seno materno, su cuerpo se estructura mediante las células referidas a medida que éstas se multiplican alrededor de la matriz espiritual, del mismo modo que la limadura de hierro lo hace sobre un imán, y forman al principio las láminas blastodérmicas de las cuales deriva el tubo intestinal, el tubo neural, el tejido cutáneo, los huesos, los músculos, los vasos.

Al poco tiempo, debido al desenvolvimiento espontáneo, el Espíritu se encuentra materializado en el ámbito de la lucha física y se manifiesta a través del vehículo carnal que le sirve de expresión.

Dicho vehículo, constituido por millones de células o individualidades microscópicas que se adaptan a los tejidos sutiles del alma y comparten su naturaleza electromagnética, se asemeja a un taller complejo formado por billones de motores infinitesimales, movidos por oscilaciones electromagnéticas dentro de una longitud de onda específica, que emiten sus irradiaciones al mismo tiempo que asimilan las irradiaciones de la zona donde se encuentran, todo esto bajo el comando de un único responsable: la mente.

Desde la fase embrionaria del instrumento con el cual se manifestará en el mundo, el Espíritu plasma en él sus propios reflejos.

Existen, más allá del sepulcro, seres muy perturbados por los problemas consecuentes del suicidio o el homicidio, de la delincuencia o los vicios, seres que transferidos al nuevo nacimiento presentan de inmediato los más dolorosos desequilibrios, causados por la disfunción vibratoria que los cataloga dentro de los cuadros de la patología celular.

Las enfermedades congénitas son nada más que reflejos de la posición funesta a la que nos hemos encaminado en el pasado próximo, reflejos que nos demandan que nos internemos en la esfera física, en algunas ocasiones por períodos cortos, para el tratamiento de la desarmonía interior con la que nos comprometimos.

Surgen, empero, otros matices de los reflejos del pasado en la existencia del cuerpo. Las causas penosas de mutilaciones y enfermedades permanecen guardadas en la profundidad de nuestro campo espiritual, como las semillas de un hostil espino al que nosotros mismos hemos cultivado en el oscuro terreno de la culpa disimulada, y los remordimientos ocultos. Son plantaciones con plazo preestablecido, a las que la ley de acción y reacción gobierna vigilante, con seguridad y esmero.

Por eso, muchas veces, en consonancia con programas trazados con anterioridad a la cuna, según pautas en las que se conjuga la deuda con el rescate, la criatura humana recibe la visita de pruebas sorprendentes en plena prosperidad material, o de desastres fisiológicos de conmovedoras manifestaciones cuando más resplandeciente aparentaba ser su salud.

Sin embargo, es imperioso recordar que los reflejos generan reflejos, y que a cada pago se le conceden justos atenuantes, siempre que el deudor revela buena predisposición para saldar sus deudas.

La práctica del bien, simplemente, infatigablemente, puede llegar a modificar la ruta del destino, pues el pensamiento lúcido y correcto ejerce una acción edificante que interfiere en las funciones celulares tanto como en los acontecimientos humanos, y atrae hacia nosotros - gracias a nuestro reflejo mejorado y ennoblecido - amparo, luz, apoyo, de acuerdo con la ley del auxilio.

Francisco Cândido Xavier
PENSAMIENTO Y VIDA
DICTADO POR EL ESPÍRITU EMMANUEL
                                                              Enviado por Joao Cabral

14 junio 2010

La oración


"La oración – define Kardec – es una invocación, mediante la cual el hombre entra en comunicación con el ser a quien se dirige." Debe ser hecha directamente a Dios, que es el Señor de la Vida, pero puede, también, serle dirigida por intermedio de los buenos Espíritus (Santos), que son Sus mensajeros y los ejecutores de Su voluntad. Tres pueden ser el objetivo de la oración: alabar, pedir y dar gracias. La alabanza consiste en exaltar los tributos de la Divinidad, evidentemente, no con el propósito de serle agradable, ya que Dios es inaccesible a la lisonja. Ha de traducirse por un sentimiento espontáneo y puro de admiración por Aquél que, en todas Sus manifestaciones, se revela detentor de la perfección absoluta. Las peticiones miran a algo que se desee obtener, en beneficio propio o de otro.

¿Qué es lo que se puede pedir? Todo, siempre que no contraríe la Ley de Amor que rige y sustenta la Armonía Universal. Ejemplos: perdón por las faltas cometidas, fuerza para resistir a las tentaciones y a las malas inclinaciones, protección contra los enemigos, salud para los enfermos, iluminación para los Espíritus perturbados y paz para los sufrientes (encarnados o desencarnados), amparo ante un peligro eminente, valor para vencer las desgracias terrenas, paciencia y resignación en los trances aflictivos y dolorosos, inspiración de cómo resolver una situación difícil, sea del orden material o moral, etc.
 
Las gracias, obviamente, por todas las bendiciones con las que Dios nos alegra la existencia, por los favores recibidos, por las gracias alcanzadas, por las victorias conseguidas y otras cosas semejantes. El vehículo que conduce la oración hasta su destinatario es el pensamiento, el cual se irradia por el Infinito, a través de ondas mentales, como las transmisiones radiofónicas o de televisión, que, por medio de las ondas electromagnéticas surcan el espacio a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo. La eficacia de la oración no depende de la postura que se adopte, de las palabras más o menos bonitas con que sea formulada, del lugar donde se esté, ni de las horas convencionales. Transcurre, eso sí, por la humildad y la fe de aquél que la emite, al lado de la sinceridad y la energía que le imprima. No creamos, entretanto, que basta orar, incluso bien, para que los efectos deseados se hagan sentir de inmediato y en cualquier circunstancia. Tal creencia sería engañosa. La oración no puede, por ejemplo, anular la Ley de Causa y Efecto, según la cual cada uno debe recibir los resultados de lo que hace o deja de hacer. Tampoco exime a quien quiera que sea del uso de las facultades que posee, ni del trabajo que le compete, en la búsqueda o en la realización del objetivo pretendido.

Por otro lado, no siempre aquello que el hombre pide corresponde a lo que realmente le conviene, con vistas a su felicidad futura. Dios, entonces, en Su omnisciencia y suprema bondad, dejaría de atender lo que le fuese perjudicial, "como hace un padre con criterio que no le da al hijo aquello que es contrario a sus intereses". A pesar de esas restricciones, lejos de ser inútil, la oración es un recurso de gran valía, siempre que sea hecha con discernimiento, se revista de las cualidades a las que nos referimos más arriba y sea complementada por nosotros con los movimientos de alma o con los esfuerzos exigidos por la vicisitud que nos la haya inspirado. De ese modo, cuando oramos a Dios, Le rogamos que nos perdone una mala acción, es necesario que estemos efectivamente arrepentidos de haberla practicado y alimentemos el firme propósito de no repetirla; cuando Le solicitamos que nos libre del rencor de nuestros adversarios, es indispensable que tomemos la iniciativa de una reconciliación con ellos, o que, por lo menos, la facilitemos; cuando Le suplicamos ayuda para salir de una dificultad, es necesario que, recibiendo de lo Alto una idea de salvación, nos empeñemos en su ejecución de la mejor forma posible; cuando Le pedimos ánimo para vencer determinada debilidad, es urgente que hagamos nuestra parte, alejando de nuestro pensamiento las reflexiones y los recuerdos que con ellas se relacionen, dando, también, los debidos pasos en el sentido de desarrollar las virtudes que les sean opuestas, y así sucesivamente.

Procediendo de conformidad con la máxima: "Ayúdate, que el cielo te ayudará", estemos seguros de contar, siempre, con la asistencia y el socorro de lo propuesto por Dios, de modo que, incluso sin derogar Sus leyes, ni frustrar Sus designios, seamos provistos de aquello de lo que más carecemos, aunque se trate de remover obstáculos, superar necesidades o disminuir amarguras. (Cap. II, preg. 658 y siguientes)

Las leyes morales según la Filosofía Espírita
RODOLFO CALLIGARIS
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