07 noviembre 2010

El Cuerpo Bioplasmático


Cuando hablé por primera vez del cuerpo bioplasmático por televisión, una señora extranjera llamó por teléfono al estudio del Canal 13 de San Pablo para hacerme una advertencia. Conceptuaba que el descubrimiento de ese otro cuerpo del hombre, de los animales y de las plantas, realizado por los físicos y biólogos soviéticos, no era más que una nueva treta de los materialistas rusos, en su lucha contra la religión, que tenía objetivos netamente políticos. Decía también que había conocido de cerca las mañas de los soviéticos y sufrido en su propia piel su crueldad, agregando que no quería verme engañado por ellos y sirviendo como un inocente útil a la propagación de sus mentiras en el Brasil. Le respondí, intentando explicar que se trataba de un problema científico y no político, el cual, por lo demás, nos llegaba a través de informaciones universitarias procedentes de los Estados Unidos. Procuré demostrarle que una maniobra de esa naturaleza sería hoy imposible frente a la dinámica actual de la comunicación y de la posibilidad de comprobaciones o desmentidos de los medios universitarios de todo el mundo. Nada de eso convenció a la señora, que insistió de una manera angustiosa en su advertencia. Después de ella, varios teleespectadores más, en su mayoría extranjeros, me telefonearon y entrevistaron personalmente para hacerme sugerencias similares. Eso equivale a una prueba de la falencia cultural de nuestro tiempo. No obstante todo nuestro avance científico y tecnológico, la plaga de la mentira en la religión, en la política, en la administración pública y en todos los sectores de las actividades humanas lleva a las personas a dudar de todo, a ver por todas partes el peligro de maniobras con intenciones ocultas.

En el programa de televisión que dio origen a este libro, en el mismo Canal 13, su conductora Xenia insistió en la necesidad de ser sinceros en la consideración de los temas fijados. Llegó incluso a declarar que alguien de quienes estábamos allí debía tener el coraje de decir la verdad sobre el motivo de la crisis religiosa de nuestros días. Según pensaba, esa crisis derivaba de la mentira, sencillamente, como explicó en un programa posterior. En realidad la mentira es uno de los motivos de la crisis, pero no la causa fundamental. Si yo pensase de igual manera no tendría razón alguna para no decirlo. Sucede que las mentiras predicadas por las religiones no siempre son mentiras, sino engaños que devienen de la falta de comprensión de los problemas esenciales del hombre. Sería llevar muy lejos la desconfianza en la naturaleza humana si pensáramos que personas creyentes en Dios organizasen las religiones con la finalidad de mistificar al pueblo. Esa es también una prueba del clima de desconfianza de nuestra época. Encontramos en las religiones muchas personas cultas inteligentes y honestas que creen píamente en las cosas más absurdas para aceptar la infalibilidad de los dogmas y las interpretaciones de las escrituras.

El problema del descubrimiento del cuerpo bioplasmático está ubicado de tal manera dentro del cuadro de los logros actuales de la ciencia, representando incluso una consecuencia lógica de ese progreso que, por tanto no debería suscitar dudas en nadie medianamente informado. El descubrimiento de la antimateria las investigaciones parapsicológicas, el desarrollo de la medicina psicosomática, las incursiones cósmicas de la astronáutica y otras prodigiosas conquistas de nuestro tiempo conducían naturalmente al hombre al conocimiento de su propia naturaleza. Como imaginarnos un mundo en que la ciencia hubiese probado la indestructibilidad de todas las cosas, pero continuase aceptando el dogma materialista de la destrucción total y absoluta del hombre por medio de la muerte. Como imaginarnos la cultura abierta de ese mundo aceptando el pesimismo doliente de Sartre, que predica la nadificación del hombre su frustración total en la muerte y considera a la doctrina de la evolución del pensamiento de Heidegger, como una caída en el misticismo vulgar. La perspectiva del pensamiento sartreano, tan rico en intuiciones filosóficas y tan decepcionante en su conclusión ontológica, ese panorama desorientador de la cultura contemporánea sería la expresión evidente de lo absurdo que ocurre en el ámbito mundial.

El equívoco marxista del materialismo fue ultrapasado por el desarrollo científico y filosófico de nuestro tiempo. No hay más lugar, en la cultura actual, para los dogmas religiosos y los dogmas materialistas. Entre los científicos soviéticos es evidente la existencia de muchos disidentes del oficialismo tipo siglo XIX. El interés actual de la URSS por las investigaciones parapsicológicas es un indicio claro, indicio que es confirmado por la reacción violenta que contra él ejerce la China roja. Todos sabemos que el profesor Raikov y otros investigadores soviéticos se hallan abocados, en la Universidad de Moscú y otras más de la URSS, a estudios científicos de la reencarnación, aunque disfrazándola como una anomalía mental que tiene que ser esclarecida en el campo de la psiquiatría. La verdad se manifiesta en todas partes y, si no es hoy, mañana se ha de mostrar evidente.

La cámara Kirlian, de fotografías sobre campos imantados de alta frecuencia eléctrica, fue descubierta accidentalmente por los esposos Kirlian, y los científicos soviéticos más escrupulosos percibieron luego su alcance. Adaptándola a poderosos microscopios electrónicos consiguieron descubrir, en el interior de los cuerpos vivos de vegetales, animales y hombres, una estructura de plasma físico, constituida de partículas atómicas, que se presentaba como un cuerpo básico sustentador de la vida y de las actividades vitales y psíquicas del cuerpo material. La importancia de ese descubrimiento es de tal trascendencia que no podía ser abandonado, pues representa una verdadera revolución copernicana en las áreas de la Física, la Biología y la Antropología, para sólo mencionar a esas tres ramas fundamentales. Pero es bueno recordar de paso lo que él representará en la Psicología, la Medicina, la Psiquiatría y la Psicoterapéutica en general. Es suficiente decir que los soviéticos han llegado a descubrir que el cuerpo bioplasmático ofrece elementos para la verificación del estado general de la salud del cuerpo físico, permitiendo la previsión de dolencias y anomalías en los seres vivos de cualquier naturaleza. Por otro lado, las investigaciones realizadas en los Estados Unidos han confirmado el descubrimiento soviético.

Desde el siglo pasado, varios hombres de ciencia se empeñaron en descubrir medios para probar la existencia en el hombre del llamado cuerpo espiritual, o doble etérico. En 1943 Raoul Montandon publicó en Suiza un curioso libro titulado De la Bête a l'Homme (Del Animal al Hombre), relatando estudios psicológicos que muestran semejanzas significativas entre el reino animal y el hominal, así como experimentaciones científicas que prueban la existencia en los animales de un cuerpo energético. Esas investigaciones son relatadas en el capitulo intitulado “Supervivencia animal”. Ilustran ese libro varias fotografías obtenidas con filmes sensibles a la luz infrarroja, las que muestran grupos de insectos muertos y eterizados. Junto a los animales muertos se muestra una sombra semejante al cuerpo muerto, mientras que al lado de los que no estaban muertos, sino en estado letárgico, no se observa ninguna sombra. En el capítulo referente a las fotografías psíquicas, obtenidas ocasionalmente o en sesiones medí anímicas experimentales, los anales espíritas ofrecen un impresionante volumen de casos significativos que reúnen todos los recaudos que garantizan la autenticidad del fenómeno.

En el caso actual de las investigaciones soviéticas, con aparatos técnicos de precisión, la demostración de la existencia de ese cuerpo extrafísico -para usar la expresión parapsicológica actual- fue decisiva. Los soviéticos, operando en comisión oficial en la Universidad de Alma-Ata, Kazakhstan, hicieron experiencias con moribundos y lograron verificar el retiro total del cuerpo bioplasmático de los muertos, cuyos cuerpos materiales sólo entonces entraban en estado cadavérico. No habiendo sido posible fotografiar ese cuerpo después de su desprendimiento del cadáver, emplearon la técnica de la investigación por medio de detectores de pulsaciones biológicas y verificaron, sorprendidos, que las pulsaciones captadas indicaban la presencia del cuerpo bioplasmático en el ambiente.

Son suficientes esos datos sumarios a los fines del objetivo de este libro. Informes más completos y minuciosos fueron divulgados entre nosotros con la traducción y edición del libro de Sheila Ostrander y Lynn Schroeder*, investigadoras norteamericanas que entrevistaron a los científicos soviéticos en la URSS, y cuyo trabajo fue editado por la Universidad de Prentice Hall, EE.UU., y posteriormente por la editora Bantam Books, de Nueva York. El descubrimiento del cuerpo bioplasmático constituye una confirmación científica, proveniente del campo materialista, de la teoría del periespíritu. Según el Espiritismo, el periespíritu es el cuerpo espiritual del que trató el apóstol Pablo en la Primera Epístola a los Corintios. Su función es servir al Espíritu como instrumento para su manifestación en los planos materiales. Es a través de él que el Espíritu se liga a la materia en el proceso de la encarnación. Durante la vida terrena él es el agente de las funciones orgánicas. Mantiene la vida del cuerpo y sirve de campo padronizador durante el desarrollo de éste, a partir de la fecundación, rigiendo la formación del embrión. En la muerte, el periespíritu se desliga progresivamente del cuerpo material, que sólo es realmente cadáver cuando se produce su desligamiento total. En la mayoría de las personas el periespíritu, después de la muerte, permanece cercano al cadáver por un tiempo más o menos largo, en razón de la atracción que los despojos ejercen todavía sobre el Espíritu. Ese cuerpo es considerado por la Doctrina Espirita como semi material, pues está constituido por energías materiales y espirituales ínter penetradas. Es el cuerpo de la resurrección, conforme ya lo afirmaba el apóstol Pablo.1

Todas esas características del periespíritu son confirmadas por las observaciones de los científicos soviéticos, que consideran a ese cuerpo como material e integrado por un plasma físico formado de partículas atómicas. Mas un hecho intrigante se presenta en las experimentaciones soviéticas: ese cuerpo sólo puede ser visto y fotografiado mientras está ligado al cuerpo material. Una vez desprendido de él, no se encuentra más al alcance de la cámara Kirlian. Solamente los detectores de pulsaciones biológicas logran constatar su presencia en el ambiente. La cámara Kirlian, como ya vimos, sólo puede actuar sobre campos materiales imantados por corrientes eléctricas de alta frecuencia. Desligado del cuerpo material, el cuerpo bioplasmático, o periespíritu no ofrece condiciones para eso. Nos parece evidente el motivo por el cual él, entonces, se torna inaccesible. No está más revestido de un cuerpo material, aunque contenga en su propia estructura energías materiales. El mismo nombre científico dado a ese cuerpo -bioplasmático- indica su función vital y su naturaleza plasmática. Ese problema, sin embargo, no es físico solamente. En la proporción en que el Espíritu, liberado de la materia, se va integrando al mundo espiritual, su periespíritu se libera de los elementos materiales.

El descubrimiento de ese cuerpo por los materialistas constituye la mayor victoria del Espiritismo y, al mismo tiempo, la conquista más importante de nuestra era científica, pues con ella la ciencia terrena ha dado el primer paso para su futura fusión con la ciencia espiritual. Esta es la más significativa señal de que estamos entrando en la era del Espíritu. Oliver Lodge se refirió al túnel mediúmnico, como una vía de ligación del mundo material con el mundo espiritual, acentuando que ese túnel viene siendo cavado de ambos lados: Por los hombres y por los Espíritus. Cuando los trabajadores de aquí y del Más Allá se encuentren, el túnel quedará abierto y la comunicación entre los dos planos se hará tan fácil como las comunicaciones entre las distintas regiones de la Tierra. Hasta ahora solamente los espíritas trabajan del lado de acá. De aquí en adelante los científicos también han de brindar su cuota de servicio.

El descubrimiento del cuerpo bioplasmático y los estudios sobre sus funciones y su estructura vienen también a contribuir para que los engaños de las religiones cristianas sean corregidos. Poco a poco la verdad se impone y la mentira va siendo derrotada. La religión, que constituye, al igual que la ciencia y la filosofía una de las grandes vías del conocimiento, está dispuesta a retomar su lugar dentro del ámbito cultural. Más para eso las religiones sectarias deberán seguir aquella advertencia de Jesús: Perder su vida individual para fundirse en la vida colectiva, en un proceso libre, de religiosidad universal, que nos dará la religión en espíritu y verdad. Fue esa la profecía que dio Jesús a la mujer samaritana.

No hay ninguna otra salida para la crisis religiosa de nuestro tiempo. Las teologías artificiales, como la de la Muerte de Dios, son ensayos de vuelo a ciegas en un cielo vacío y nublado por la duda. La realidad es una sola. La confirmación positiva de la existencia del Espíritu por medio de la ciencia, en un desarrollo acelerado, pondrá un punto final a las especulaciones religiosas. Y no hay ninguna otra alternativa en la Tierra para la ejecución de esa reintegración de la religión en el campo cultural, a no ser la obra de Kardec. Los hombres del futuro se han de quedar admirados al ver que tuvimos en nuestras manos todos los medios para hacer esa integración en nuestro tiempo y no logramos hacerla. Tal vez se pregunten que nos habrá faltado para ella, y alguien les responda: Humildad.

Por J. Herculano Pires
1 * El autor se refiere al libro conocido y publicado en la Argentina con el título La Parapsicología en los países socialistas, A. Peña Lillo Editor S.R.L., Buenos Aires 1.975. [Nota del traductor]